La mucama la acompañó hasta la puerta indicada. Mora golpeó suavemente y entró solo cuándo escuchó que desde adentro le indicaron que entrara. -Permiso señor. Era un momento embarazoso. -Perdón por el momento que pasaste. -No es nada, señor, solo tiene que comprender que la niña perdió hace muy poquito a su madre y se siente sola. El hombre inspiró profundamente. Estaba contrariado. No sabía muy bien el motivo y se sentía cansado. Fue cuándo se le ocurrió una idea que le pareció genial, sin pensarlo dos veces, hablo. -Te propongo trabajar para mí, te contrato los sábados y si podés, también los domingos, estoy quitándote tiempo y no es justo. A Mora la tomó por sorpresa, luego lo miró con decepción. ¿De verdad este hombre creía que el cariño que ella sentía por su hija lo podía

