CAPÍTULO VEINTITRÉS Avery sabía que el tiempo hospitalario era intangible y que parecía fluir de forma distinta cuando te encontrabas junto a la cama de un ser querido. Pero no solo el tiempo se sentía extraño, sino también su cuerpo. Sabía que debía dormir, pero no estaba cansada. Sabía que debía comer, pero no tenía hambre. Miró su teléfono celular. Seis llamadas perdidas, tres mensajes de textos. Todos de Kellaway, O'Malley y Connelly. No se molestó en revisarlos. Estaba más interesada en la hora. No le sorprendió descubrir que era la una de la mañana. Rose seguía igual. Todavía estaba inconsciente, todavía dependía del tubo de respiración. Sin embargo, su médico le dijo que sus signos vitales eran fuertes y que ahora estaba seguro de que estaría fuera de peligro más pronto que tarde

