CAPÍTULO DIEZ Cuando encontró a Connelly en su oficina media hora después, estaba parado junto a su escritorio, mientras que una empleada del departamento Relaciones Públicas estaba sentada en su asiento habitual. Le estaba dictando algo, y ella lo estaba tecleando. Basándose en lo que había oído, estaban trabajando en un informe actualizado sobre el caso que le enviarían a la prensa. —Perdona que te moleste —dijo Avery—. ¿Puedo robarte por un segundo? Connelly se veía molesto por haber sido interrumpido, pero no dijo nada. En su lugar le murmuró —Un segundo— a la mujer sentada detrás de su portátil y salió de la oficina. Él y Avery estaban parados junto a la pared y algo acerca de la forma en que la miró la hizo darse cuenta de que verdaderamente le alegraba tenerla de vuelta. No solo

