A la mañana siguiente, Elena se despertó al escuchar un quejido de Iván. Él se había girado en la cama y el movimiento le lastimó de forma inconsciente la herida. Se incorporó para evaluar su estado, tocándole la frente y el brazo tatuado. La temperatura se le había normalizado. Con precaución, para no despertarlo, se levantó y utilizó los servicios del baño. Finalmente se acomodó la cola en la que ataba sus cabellos dispuesta a salir de la habitación. Echó una mirada a la cama antes de llegar a la puerta. Él aún dormía, su torso desnudo exponía los ojos llameantes del dragón dibujado en su pecho, el animal parecía vigilarla y la invitaba a acercarse para ser devorada por su boca hambrienta. Se mordió el labio inferior sin apartar la vista de los diseños de su cuerpo, ni de sus múscu

