Al llegar a la casa del contador estacionó el auto a una distancia prudencial. Así podía evaluar el sector. —¿Qué hacemos? —consultó Elena después de algunos minutos de silencio sepulcral. —Esperar. —¿Qué esperamos? —Algún movimiento. Media hora después ella comenzó a inquietarse. No hacían otra cosa que estar sentados con la mirada fija en la casa del contador, ubicada a varios metros de distancia. —¿No estamos un poco alejados? Desde aquí no veo bien. —Debemos mantenernos a esta distancia. Si hay asesinos al acecho no podrán vernos —explicó él sin dejar de otear los alrededores. —¿Cuánto tiempo se supone que debemos esperar? —Todo el día si es necesario. —¡¿Todo el día?! —manifestó ella con desconcierto. —Estas muy impaciente, muñeca. —Iván la miró con falsa sorpresa. Disfru

