Fuera de la zona de peligro y sentados en la última mesa de un restaurante, Iván y Elena disfrutaban de su primera comida caliente. Ella aún se sentía aturdida por todos los hechos que le habían sucedido en apenas dos días: la confirmación de la muerte de su hermano, la huida de los asesinos que la acechaban, la traición de Jacinto, y por supuesto, la cercanía perturbadora de Iván. Su cuerpo le comenzaba a exigir una pausa y su mente, una sana distracción, pero no podía dejar de pensar en sus conflictos y analizar las pocas pistas que poseía para llegar a su meta. Mientras comía con poco ánimo ñoquis de papa con salsa de crema, procuraba idear la forma más rápida de alcanzar su objetivo, pero una duda la atormentaba: ¿qué sucedería cuando tuviera la carta en las manos? Roberto la que

