Dentro de la habitación de un hotel, en el centro de la ciudad, Iván se encontraba sentado en el borde de la cama. Tenía los codos apoyados en las rodillas y se frotaba las manos para elucubrar nuevos planes. Había quedado sin pistas. Antonio estaba en algún rincón del planeta, escondido de Lobato. Quizás herido, o tal vez muerto. El cuerpo de Raúl fue ocultado por los hombres del mafioso y no creía que fueran tan imbéciles de no revisarlo antes de enterrarlo, o al menos, mientras lo tenían secuestrado. Por tanto, la opción de que pudiera tener la carta encima quedaba descartada. El documento seguía desaparecido y según la obsesión de Lobato, la única que podía hallarlo era Elena. La hora de conversar con ella había llegado. Por supuesto, no utilizaría los mismos métodos que había

