—Es un gran placer recibirte en mi oficina, Ariana. La chica se levantó con petulancia apenas escuchó el saludo de Jacinto, quien la recibió con un refinado beso en los nudillos y una seductora sonrisa. —También estoy encantada de volver a verte —le dijo y le dedicó una mirada desafiante. —Me siento dichoso. Todas las mujeres Norato han venido a visitarme. Ayer fue tu madre y Elena, y hoy recibo tu maravillosa presencia. Con una sonrisa fingida Ariana disimuló la punzada de celos que se le agolpó en el pecho a causa de la visita de Elena a los Castañeda. —Sé que mi madre vino porque la invitaste a cenar, pero, ¿a qué vino Elena? —Averigua sobre la desaparición de su hermano. Deberían aconsejarle que se olvide del asunto e intente reiniciar su vida. Ariana resopló y puso los ojos en

