—¿Entraremos allí? —Tranquila, mientras permanezcas a mi lado nada te sucederá. Iván estacionó el auto a un costado de un viejo edificio de piedra gris desgastado por el avance y la crueldad del tiempo. Sus cuatro pisos estaban tan deteriorados en el exterior que Elena pensaba que un fuerte viento sería capaz de destruir toda la obra. La edificación parecía tener cien años de construida, y de seguro, albergaba residentes de muy escasos recursos. En la planta baja estaba ubicado un local que parecía ser un restaurante o un bar de mala muerte, cuya entrada consistía en una reja que daba paso a un pasillo estrecho y lúgubre que se perdía entre las sombras. Sobre la reja unas letras lumínicas, que en esa ocasión estaban apagadas, anunciaban que habían llegado a: El Paraíso. —¿Entraremos

