—¿A dónde vamos? Iván y Elena se encontraban en el Camaro rumbo a San Mateo, una ciudad ubicada a veintidós kilómetros de Maracay. —Un desvió. Lobato está dispuesto a llevarte como sea y yo a protegerte como sea. Necesito el armamento indicado. —¿Comprarás armas? —le preguntó sorprendida. —No. Voy a surtirme con un amigo. Elena lo observó intrigada. Ansiaba conocer todo la historia que lo rodeaba. —Eres un asesino a sueldo, ¿cierto? Iván mostró una media sonrisa exenta de satisfacción. —Soy una especie de mensajero —confesó. —¿Mensajero? —Sí, de esos que llevan advertencias y amenazas haciendo uso de cierta… rudeza. —¡¿Eres un torturador?! Los ojos de Elena volvieron a mostrar asombro. Iván la observó un instante con pesar. —No torturo niños, mujeres o inocentes. A todos los

