Al entrar en el auto, Elena se fijó en la tonalidad del cielo: la oscuridad se había apoderado del espacio y lo engalanaba con el brillo de las estrellas. Revisó la dirección que le había entregado Jacinto algo inquieta. La zona donde vivía el contador se hallaba en el otro extremo de la ciudad. Con el tráfico, tardaría alrededor de una hora en llegar. Además, el lugar era inseguro. No sería una buena idea aventurarse en ese sector. Aunque en realidad, ella no iba en busca del contador, sino del inspector. Y si ese hombre era el asesino de un mafioso, como aseguraba Jacinto, a él no le preocuparía la hora para visitar a alguien, mucho menos se angustiaría por la seguridad de la zona. Más peligroso que él mismo no debía existir nadie. Si esperaba a mañana podía perder la oportunidad d

