En Madrid se respira el aroma a revancha luego de lo ocurrido la fecha pasada de Champions en Dortmund. El equipo quería recuperar las buenas vibras y que mejor que en casa.
Luego de casi un mes de estar con este equipo me di cuenta de por qué las personas aman tanto al Atleti, incluyendo mi familia. Es un estilo de vida el ser distinto, sufridor, apasionado y original, porque eso no se compra con dinero, ni mucho menos con metal. Es algo que se lleva dentro y el convivir con gente que cree en lo mismo, de alguna manera te contagia ese sentimiento.
El entrenamiento comienza y los chicos están concentrados en las indicaciones que da el Cholo, mientras una llovizna adorna la Capital.
En mi lugar fuera del campo, me estaba congelando, a pesar de tener puesto un suéter, un abrigo y el abrigo impermeable del club. Mi hermana estaba usando simplemente un suéter y se veía tan relajada. ¿Por qué no puedo ser como ella?
Mis dedos empiezan a congelarse también y golpeo mi frente, porque tenía que haber cogido unos guantes antes de salir. Bloqueo el móvil por un rato y escondo mis manos en el abrigo. Escucho unos pasos cerca de mí y levanto la vista para encontrarme con unos hermosos ojos azules, mirándome intrigados.
—¿Tienes frío? —me pregunta Griezmann sobre lo que cubría mitad de su rostro. Parece ser igual de friolento que yo—. ¿Te doy mis guantes, rubia?
—E-estoy bien —murmuro entre dientes y rápidamente me alejo.
Había decidido poner un límite con el francés, debido a que todos los focos de atención están sobre él por su divorcio y es lo que menos necesito en estos momentos. Además, ambos somos parte del mismo club y no sería profesional el estar juntos.
El claro ejemplo está en que luego de que Griezmann me siguiera en i********:, los tabloides explotaron porque fui añadida a la selecta lista de las personas que sigue el francés. Además, su ex esposa también había comenzado a seguirme, dándole ideas a las personas de que Antoine y yo teníamos algo y la tal Erika nos estaba vigilando.
El entreno sigue con las aventuras de los más bromistas del equipo y como siempre, Antoine resalta entre los demás. Mamá siempre nos contó que hay personas que brillan con luz propia y ni siquiera se dan cuenta de ello. Se nota que el delantero es una de esas.
Ya cuando todos van a cambiarse para irse, salgo corriendo a la oficina de mi hermana y al entrar la calefacción golpea mis huesos. Dios mío, que felicidad. Sophia ríe al verme con la nariz roja y temblando como Bambi.
Termino de publicar y actualizar las historias del equipo y salimos casi que corriendo de la Ciudad Deportiva por el frío que hacía. Siento como alguien camina detrás de nosotras, pero no presto atención, ya que no veía la hora de encerrarme en casa.
—¡Amelia, hola! —el reconocible acento de Antoine Griezmann inunda mis oídos. Sophia me mira, ahogándose de la risa. ¿Cómo me llamó? Volteo a verlo sobre mi hombro y ruedo los ojos.
—Amelia... —susurra burlona la rubia deteniéndose frente a mí, haciendo que choque contra su cuerpo—. Ve a por él, leona.
Mi hermana gira mi pequeño cuerpo y me hace encontrarme con el dichoso frente a frente.
—¡Amelia! ¿Por qué me ignoras? —es lo primero que sale de su boca. Me cruzo de brazos, mirándolo desafiante. —Solo te saludaba. No entiendo por qué eres tan... fría.
—Me llamo Amélie no Amelia y no soy fría, solo no quiero hablar contigo hoy —sentencio sin pensármelo dos veces. Entre mas rápido lo aleje será mejor—. Nos vemos después.
Su expresión me demostraba lo desconcertado que estaba por mi actitud, especialmente luego del día en su casa. Camino hacia el auto con los aires subidos, pero no tenía por qué haberlo tratado así, si nunca me hizo nada malo. Todo el día intentó hablarme y como soy la reina de la impulsividad, lo mandé a la mierda.
Un aplauso para Amélie Dunne, por favor.