—¿Quieres? —el francés me ofrece de su mate, del cual nunca se separa. —Nunca lo he probado —le cuento. Él me lo pasa emocionado y doy un pequeño sorbo de la bebida—. ¿¡Qué!? ¡Me encanta! Grito emocionada, tomando un trago más largo. Me recuerda a los té que se suelen tomar por la tarde en Inglaterra. Del coche saqué mi suéter favorito, que es súper largo y cómodo y me lo pongo, porque ya tenía frío. Este me cubría hasta debajo de mi falda y me hacía sentir segura. Antoine ríe y se va a la cocina a buscar unas galletas. Veo el mate y noto el nombre de Antoine y Mía grabados en él. Sonrío y escucho los pasos del francés en el salón de nuevo. —¿Sabes? Nunca me explicaste que te pasó en París —me atraganto con la bebida y empiezo a toser sin control—. ¿Estás bien? —It

