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1802 Words
Asentimos al mismo tiempo e intenté parecer enfocada en lo que estábamos haciendo, pero no logré estar tranquila hasta que no escuché cómo sus pasos se alejaban cada más de mi presencia. Cuando cruzó la puerta, dejé escapar una bocanada de aire, sintiendo tranquilidad inmediatamente. David comenzó a reír. — Le tienes miedo, ¿no? — Mucho —mentí—. Tengo entendido que él es la persona más importante en este lugar. — Lo era. — ¿Cómo así? — Pues mi padre dejó a mi primo Félix en su cargo ahora. Antes era al revés. — ¿Su padre? — ¿No sabes quién soy? —rió con incredulidad—. Soy hijo de la persona de la OMS que creó este equipo de investigación. Me quedé mirándolo a los ojos esperando que dijera que era mentira, pero al verlo completamente serio, intenté bromear un poco. — Ulala. El muchacho comenzó a reír y puso uno de sus brazos a mi alrededor, haciéndome tensar un poco. No lo conocía y ya estaba tomándose ese tipo de confianza. — Me caes bien, señorita. — Gracias. Continuamos trabajando en el proyecto. Pensé que podría encontrar algún tipo de respuesta sobre el lugar en el que iba la investigación, pero realmente no había nada. Ningún tipo de prueba. Absolutamente nada. No podía encontrar respuestas y cuando me despedí de mi investigador, decidí comenzar a buscar los sótanos de la villa. Mientras habíamos estado allí, nunca habíamos visto ningún tipo de sótano. Tal vez para nosotros era prohibido verlo o saber de ello, pero para las personas con menor “rango” no debería ser así. Mientras caminaba escaneando todo a mi paso, llegué al pasillo donde se encontraba el aparta estudio que nos habían dejado a Joel y a mí. Pero ya no había nada. No había ningunas habitación, ninguna puerta. Todo era diferente. ¿Acaso habían acabado con todo lo que tuviera que ver con los anteriores investigadores o solamente de nosotros dos? Mi ceño se frunció mientras continuaba intentando seguir más adelante, pero una pequeña luz roja en el costado derecho del pasillo llamó mi atención. Me dirigí hacia allí y me encontré con una puerta de madera que nunca había visto. Entré y volví a un nuevo pasillo, en el cual, absolutamente todas las luces eran rojas. Mis ojos se abrieron apenas vi una persona con un traje parecido al del personal de salud durante las pandemias y mis ojos conectaron con ella. Era Lisa. La chica comenzó a mirar a su alrededor e intentó hacerme algunas señas para que me fuera. Pero yo estaba petrificada. Me bajé el tapabocas y susurré “Joel”. Lisa asintió y señaló frente a ella. Pero yo no podía ver mucho más allá del pasillo. Quise entrar, pero ella comenzó a negar con su cabeza. Así que me detuve. Debía pensar con la cabeza fría. Si llegaban a descubrirme, ella también estaría en problemas y era lo que menos quería. Así que, con el dolor de mi alma me alejé del pasillo y salí, buscando la cafetería para intentar comer algo. Había estado tan cerca de poder ver a Joel, que mi corazón se sentía roto y estaba aburrida por ello. Pero pronto tendría una nueva oportunidad. Diariamente intentaría. *** Continué caminando como si nada hubiese pasado, pero mis pasos eran pesados. Mis hombros estaban inclinados y mi cabeza baja. Todo en mí decía que algo me estaba sucediendo, pero no me importaba. La esperanza comenzaba a salirse de mis manos y no quería esperar mucho tiempo más. Joel necesitaba de mí y si para salvarlo tenía que infectarme del virus, lo haría. Antes hubiera hecho cualquier cosa para evitar hacer algo por cualquier persona, pero Joel me había enseñado a amar. Él era la única persona con la que quería compartir mi vida y si él no estaba, me sentía sin rumbo. No éramos unas personas apegadas, simplemente estábamos casados y por la misma razón habíamos decido estar juntos en lo bueno y malo. Miré una de mis manos viendo el pequeño anillo reposando en mi dedo. Él lo había guardado para nuestra boda. Su abuela se lo había heredado antes de morir y cuando me lo había entregado, me había largado a llorar como loca. La cafetería estaba más sola de lo que había pensado, así que decidí que lo mejor que podía hacer era volver a la habitación. Si llegaba cualquier persona a ese lugar, podría verme de lejos y me metería en problemas. Sin pensarlo dos veces, viré en mis talones, pero mi frente golpeó contra el pecho de alguien más. Mis ojos se movieron hacia arriba y me encontré con la mirada de David. ¿Me estaba siguiendo? — ¿Qué hace aquí? —Pregunté en voz baja para que nadie se diera cuenta que le había hablado. La jerarquía era obligatoria en las áreas comunes. — Iba a comer algo. ¿Qué haces aquí? Comenzó a caminar hacia dentro de la cafetería y sin que nadie se diera cuenta, tomó mi brazo llevándome con él. — Come algo conmigo. — No puedo… — Siéntate en la mesa siguiente. Fruncí las cejas sintiéndome mal. Estaba cansada y quería llorar un poco antes de dormir, pero este muchacho estaba queriendo acaparar toda mi atención y no tenía que ser más inteligente para saber lo que estaba sucediendo. Me sentía alagada, pero también estresada por su atención. Al parecer todavía me veía muy joven. — ¿Cuántos años tiene? —Solté la pregunta y observé cómo una pequeña sonrisa se veía en el rostro de David. — Veintisiete. ¿Tú? — Veintiocho —mentí. No conocía los rangos de edad que estaban contratando dentro de la investigación, entonces no quería decir mi verdadera edad. Además, me veía muchísimo más joven. Si estuviera fuera de aquel lugar, la gente no sabría quién realmente era la más joven entre Lisa y yo. Bromeo. — Quédate trabajando conmigo. Acabé de hablar con Julián y dijo que podría cambiar con tranquilidad de asistente. — ¿Qué pasa con la mujer anterior? David se encogió de hombros—. Nos sabría responderte. Julián solamente me dijo que debería ir a recursos humanos si no conseguía otro investigador en lo que queda de la semana. O sea que la echaban. Asentí y comencé a mirar la bolsa de leche que había cogido de una de las mesas que había en la cafetería. Por lo menos no la asesinarían o algo así. No se podía pedir algo menos peor que eso en aquel lugar. Utilicé un pitillo y comencé a tomar de la leche mientras sentía cómo me quedé ensimismada en mis pensamientos observando la pared. — ¿No tenías una maleta contigo más temprano? Mis ojos se abrieron como platos y volteé a mirar a David. Mi computador. Me había quitado la maleta cuando había decidido ayudarle y ahora no sabía dónde se encontraba. Definitivamente se había tenido que quedar en el laboratorio. Sin mencionar ni una palabra salté fuera de mi lugar y comencé a correr hacia el laboratorio para buscar la maleta allí. Había sido una completa estúpida. Hasta Lisa me había recordaba que no fuese a dejar por nada del mundo la maleta sola y ahora, yo me había encargado de dañar todo. Si alguna persona llegaba a tomar la maleta, era seguro que perderíamos todo. Sentí cómo mis oídos se taponaron por la adrenalina mientras iba corriendo y lastimosamente mis ojos se cruzaron con lo de persona que no quería ver dentro de la villa. Félix. Sentía como todo había sucedido en cámara lenta. Sus ojos conectaron con los míos y no pude separarlos aunque quisiera. No podía reconocer si él estaba feliz debajo del tapabocas, pero estaba segura de que su semblante había cambiado completamente. Él me había descubierto. Corrí aún más rápido alejándome de él y entré al laboratorio, encontrando mi maleta encima de la mesa donde estábamos trabajando. Sin esperar nada, salí e intenté correr los más lejos posible de donde se encontraba Félix, llegando a una de las partes de la villa donde se manejaban los desechos. Encontré una de las puertas abiertas y entré, esperando no encontrarme con otra persona. Gracias al cielo, no había nadie más a excepción de mí. Así que, cerré con seguro y me tranquilicé un poco. O bueno, lo intenté. — j***r, j***r… —comencé a caminar de un lugar a otro mientras tocaba mi pelo. Todo había sido una mierda y ahora era peor. Ellos estarían buscándome y no podría volver a la habitación de Lisa por el simple hecho de que allí llegaría Félix y las personas encargadas de todo en la villa. Estaba segura. Pegue mi oído a la puerta e intenté escuchar algo que pudiese suceder fuera de donde me encontraba, pero nada. ¿Acaso era por la hora? ¿O realmente me había metido en la boca del lobo entrando a ese lugar? No se veía muy confiable, pero no tenía donde mas ir. Unos pasos rápidos se dejaron escuchar y me tensé, pero no alejé mi cuerpo de la puerta. — Deben buscar en todos los lugares… La voz de Félix se dejó escuchar y pasé saliva, esperando qué más tenía por decir. — ¡Nada puede quedarse sin revisar! Deben encontrar a esa perra… Hice una mueca y rodé los ojos. Qué sorpresa que me llamara de esa manera. Claramente estaba siendo sarcástica. — Señor… necesitamos las llaves de esta zona. Como usted es el único que puede abrirlo. — Esos lugares son prohibidos. Tenemos varios tipos de virus en los contenedores y no pueden entrar. El día de mañana investigaremos nosotros con los trajes especiales. Apreté la mandíbula y miré al techo de la habitación. j***r, ahora qué hacía ahí dentro. Estaba corriendo peligro de que me pudiera contagiar de algo y ni siquiera estaba sucediendo por salvar a Joel. Me había pasado por ser una estúpida y no tener cuidado con las personas de mi alrededor. Había estado cuidándome todo el día para que al final de la jornada me sucediera ello. Había bajado mi defensa y ahora estaba pagando mi estupidez. — Entonces no dirigiremos al pabellón de alimentos, señor. — Investiguen también qué está sucediendo internamente. Al parecer se han estado desapareciendo los productos y ya tienen un culpable. — Si señor. Parece ser un muchacho algo joven para estar aquí. — Envíenlo al pasillo diez. Allí aprenderá que esas cosas no se deben hacer. — Señor, es muy joven… — ¿Les pregunté? —Félix inquirió en tono sarcástico y suspiré—. Exactamente. Hagan lo que les ordeno. — Pero señor- — Si continúan chistando por mis decisiones los siguientes serán ustedes.
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