XII
Era de esos días donde se presentía algo, como si el aire se respirara diferente. Las personas se veían entre sí sospechando de todo, hablando bajo, rumoreando aquí y allá como si lo que se dijera de la clase fuera una especie de secreto de guerra.
No era para menos. Los Alphas involucrados en esa fiesta, en la que cayeron Matt y Leroy, fueron expulsados, ya que se comprobó que los omegas que tenían a su «servicio», estaban bajo la poderosa influencia de un afrodisiaco que les hacía imposible tener voluntad. Entonces, amenazaron con vengarse y destruir esa fachada de claustro. Aun así, no sabían cómo llevarían a cabo su plan, pero las directivas sabían que iba a ser un ataque directo a los genes de ese nuevo mundo.
Resultaba aquello un desastre total, aunque no era la primera vez que sucedía, ya que muchos niños ricos y prepotentes en su mayoría de la llamada ahora r**a superior, creían que esa universidad era solo como un gran prostíbulo donde se podía escoger entre muchos jóvenes omega, para tener sexo sin control.
Matt estaba en la biblioteca con su hermana, hablando de ese problema. Se planteaban la posibilidad de irse unos días a la ciudad, mientras los directivos se blindaban mejor.
—Por favor, hermanita, no seas paranoica. Esos idiotas lo que harán es levantar una mega demanda para que los reintegren y ese sí sería un problema. Creo que todos estamos muy alterados, pero no es posible llevar una buena vida así.
—No lo sé, Matti, ¿no tienes esa corazonada, ese raro pálpito en el pecho? —preguntó su hermana, que ese día lucía hermosa, con su cabellera castaña recogida en una coleta. Hacía mucho calor, aparte de todo, y aquello alteraba un poco los sentidos.
—No, no siento nada. Además, estoy más preocupado por Aluna, hemos hablado en las clases lo normal, pero parece que mañana en la noche es cuando… voy a saberlo todo. Eso me tiene muy feliz.
Matt vio cómo su hermana se levantaba de la silla y le daba un beso. Era la hora de una de sus clases. El hombre del bastón tenía una hora más antes de ir al salón, así que aprovecharía para adelantar su parte del proyecto. Aluna iba muy adelantada.
A pesar de estar haciendo su mejor esfuerzo por concentrarse, Aluna estaba por todas partes. Estaba tan ansioso por esa “verdad” que ella tenía que decir, rogando al cielo que fuera beneficiosa para él en algún sentido, el que fuera. Que el Alpha que la marcó era un maldito, que estaba muerto, que iba a romper el vínculo; algo que pudiera unirlo a la vida de su niña de cabellos de noche.
Sin esperárselo, los móviles de todos los presentes en la biblioteca empezaron a sonar en variedad de timbres. Era extraño, todos a la vez. Él tomó el suyo, era una alerta desde la Dirección, que les pedía a todos quedarse quietos en sus lugares.
Matt supuso que se trataba de una especie de simulacro, hasta que empezó a recibir llamadas de Anna y Lu, en simultáneo. Él solo presionó para responder, sin saber con quién realmente se toparía.
—¡¡Siberan!! ¡¡Por Dios santo!! ¡¡Busca el inhibidor más fuerte que tengas!! ¡¡Luego ve al auditorio!!
—¿Leroy? ¿Qué está pasando? Acá ya estamos asustados…
—¡¡Matt!!...
Entonces, ya no hubo más palabras de parte de Leroy. Los chicos no se estaban moviendo, pero el hombre del bastón sintió que debía buscar a Aluna, ella podría estar en peligro. Todos le pidieron que no saliera, que lo mejor era esperar como lo pedía el mensaje de la dirección, aun así, tenía que buscarla, protegerla.
La fatalidad llegó en forma de aroma, cuando Matt abrió la puerta principal de la biblioteca y una ráfaga lo envolvió y puso su mirada borrosa, apenas a dos pasos de haber salido de ahí. Algo lo estaba ahogando, quemando las entrañas, creyó que iba a desmayarse, no obstante, para su desgracia, no fue así.
El buen muchacho perdió por completo el raciocinio, dejó de ser el hombre, para convertirse en la bestia, esa que llevaba en el ADN, la que ahora diferenciaba a todos los seres de la tierra. Matthew Siberan ahora era un animal en celo que solo deseaba buscar a un omega para reproducirse.
Pánico, eso era lo que se estaba viviendo en la Universidad. Los hombres de las máscaras estaban llegando en hordas para neutralizar a los Alphas que perdieron su consciencia y ahora solo buscaban dejar su mordida en los omegas. Aun así, cubrir un espacio tan amplio en tan poco tiempo, parecía imposible. El químico esparcido en bombas de humo hizo que tanto Alphas como omegas entraran en celo e hiciera todo un caldo de deseo s****l.
Aluna llevaba del brazo a Gino, para encerrarlo en un baño. Corrían los dos muchachos esquivando salvajes que querían atrapar al muchacho, que recientemente había hallado su destino. Él ya no estaba pudiendo dar un paso más, así que la joven lo cargó por un brazo y casi llegaban al sitio, cuando frente a ellos se paró un salvaje, un ser que deseaba a ese omega. Estaban en una zona de césped, próxima al baño que la niña buscaba. El sol, tan ardiente, derritió la voluntad de todos.
—Matt…
Así como Leroy, Aluna no pudo decir nada más, pues la bestia de fuerza ilimitada corrió hacia ellos y lanzó a Gino al piso. Con una velocidad impresionante lo puso de bruces y le destazó el collar que llevaba puesto. Todo era la escena de horror de una orgía, el estado primitivo de la mente del patinador, que ahora solo era el Alpha de la manada, le reclamaba por morder la nuca el omega que fuera.
En medio del horror y la desesperación, Aluna se lanzó uno de los brazos del salvaje para intentar impedir que cumpliera su cometido. Gino no podía moverse, estaba totalmente exhausto y la fiebre empezaba a nublar su mente, además que Matt lo presionaba con fuerza al piso. Gritos, súplicas, no se oía más.
—¡¡TE LO SUPLICO, MATT!! ¡¡DETENTE!!
La niña lloraba prendida al brazo de ese que le gustaba tanto y que estaba por hacer compañero a alguien que no era ella. Todo sucedía tan lento y a la vez tan rápido, que no se tenía ya tiempo de escapar de nada.
Sin predecirlo, la mano de Matt se cerró en el cuello de Aluna, levantándola como una muñeca, ya que la estaba viendo como una rival para su propósito. La jovencita puso sus manos alrededor de la enorme del salvaje para intentar soltarse, la iba a ahorcar de seguir así. Pero él hizo algo diferente para que no interviniera, con esa fuerza física sobrehumana, y aún apretando su cuello, la lanzó despiadado contra una pared donde todo el cuerpo de Aluna se estrelló, dejándola inconsciente.
Matt ya no estaba ahí, ya no era un hombre. Solo su instinto movía su cuerpo. Abrió su boca y dejó ver esos dientes y colmillos tan blancos que iba a clavar en Gino, sin embargo, no contaba que el destinado del pobre muchacho llegaría para reclamar a su hembra y, de una atroz patada en el rostro, logró quitarlo de encima del omega.
Se lanzaron los salvajes a pelear, desgarrándose la ropa y el sentido común. Leroy y Siberan ya no eran los patinadores que se enfrentaban en la pista congelada, ahora eran dos bestias en celo matándose y sabiendo que solo uno sobreviviría.
—¡¡Dios!! ¡¡Gino!! —gritó Sam que iba camino al auditorio, viéndolo tendido en el piso.
Lo tomó por un brazo y se lo cargó al hombro. Sam era un Alpha que ya tenía compañera, así que aquello no le afectaba al grado de que perdiera la razón. Pero su corazón se cerró al ver a unos metros a Aluna, tirada inconsciente, sangrando un poco por su nariz. Vio más allá a los dos animales matándose, supuso lo que había pasado.
No podía solo dejarla ahí, parecía malherida. Por fortuna, los hombres de las máscaras llegaron y con un dardo tranquilizante lograron reducir al Matt y a Leroy. Cayeron al piso lentamente, el efecto era casi de inmediato.
Matt, en medio del océano de feromonas que poco a poco se calmaban, logró ver a Aluna en el piso, y extendió su brazo como si con ese gesto lograra alcanzarla. Sam estaba a su lado, ya los gritos se reducían, a él se le cerraban los ojos.
—Mi Aluna… qué te hicieron…
El buen hombre que por minutos solo respondió a su instinto, perdió el conocimiento. No había ya nada más que esperar, a que la redención y el perdón llegaran a su vida.
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Fin capítulo 12