XXX Lu extendió su mano para intentar tocar a la fiera que tenía a su presa demasiado abrazada a él. Matt, una vez soltó en el piso a Aluna, la enredó en sus brazos y esperó, con su mirada enloquecida y sus afilados dientes, para luchar contra cualquiera que quisiera quitarle a su mujer. En ese momento salía la peor parte de este nuevo mundo, subdividido en esos tres nuevos géneros. Esa sangre nueva estaba muy ligada a los instintos de los animales salvajes y dominantes de la naturaleza, a la crueldad de una lucha, porque solo el mejor tenía que sobrevivir. Ese «algo», en su mente que los hacía perder el raciocinio, a Alphas y a omegas, aún no se solucionaba, por mucho que pasaran las generaciones. Al contrario, parecía hacerse más fuerte. Además del hecho de que también los controlaran

