Hace tres meses hice un trato con Amaroo Alderweireld, un trato el cual me ha brindado muchos problemas. Mi esposa se beneficiaria mucho si supiera esto, estoy furioso, mi vida justo ahora es una desgracia, un estrés interminable. Un divorcio es difícil de llevar y más cuando tendré una chiquilla en casa.
Fui elegido director del hospital gracias a que Amaroo Alderweireld movió alguno de los hilos con el resto de socios, el dueño legítimo del hospital era mi padre pero le perdió por una serie de deudas y demandas contra el hospital. Amaroo y su esposa Navia son amigos cercanos de los antiguos presidentes de la cooperativa, acudí a Amaroo al enterarme de que querían vender el hospital a unos inversionistas americanos, no podía dejar que eso pasara el hospital es el legado de mi padre, ahora es mi trabajo mantenerlo como el hospital más importante de Hamburgo, pronto seré su dueño.
Claro que no todos los favores son gratis. Amaroo al aceptar ayudarme me pidió hacer un trato, el movía los hilos y yo cuidaba a su hija, lo primero que pensé es ¿Por qué los padres crían a sus hijos con tantas excentricidades? Amaroo dijo que no podía permitir que su hija viviera en una casa otorgada por la facultad en la que se supone viene a estudiar, vaya niña, Amaroo me ha hecho viajar a Australia para presentarnos y no creo que haya sido una buena idea, aunque lo haya usado de excusa para alejarme de mi mujer. No quiero tener a esa niña en mi casa, no ahora con tantos problemas sé que solo será un dolor de cabeza.
Estoy pasando por muchos problemas ahora, me han dicho que Amaroo Alderweireld piensa del divorcio como una "ofensa" bien, con miedo a que pueda hacer cambiar de opinión a los socios o que pueda el mismo adquirir el hospital me he decidido por venir a la fiesta de cumpleaños de la chiquilla y fingir que no pasa nada. La verdad es que estoy agotado, todo esto me frustra, mi mujer, ella es la culpable.
-Señor Vetra ¿está usted bien o mi presencia lo altera?- me he quedado sentado sin prestar atención a mi alrededor. Levanto la mirada y le veo sonriendo ¿es que sonríe por todo o es solo por cabrearme? Está comiéndose una dona. -¿Quiere un poco?- me ofrece y yo niego, se encoge de hombros y se da la vuelta.
La hija de Amaroo Alderweireld. Nicci Alderweireld "Mi pequeña heredera", Amaroo no dejaba de repetir eso y seguido de unas cursilerías que serían dignas solo de un padre sobreprotector. Por favor. Nicci ha cumplido veintidós años y sus padres aun piensan en ponerle una niñera, soy la niñera. Maldición, he caído muy bajo solo para recuperar la posición de mi familia.
-Vetra. ¿A qué hora es el vuelo? Tengo hambre.- la vuelvo a ver, no deja de pasearse de un lado a otro tecleando no sé qué cosas en su móvil. –Sabes solo por esta vez si hubiera querido que aceptaras el viaje en el avión de mi familia, me duele el trasero.- se toca el trasero y comienza a masajeárselo, mi mirada cobra vida propia y llega a su trasero. Ayer la vi casi desnuda, no me agrada pero la verdad es muy guapa.
-¿Tanto te duele viajar en un vuelo comercial?- se queda de pie pensándolo. Estoy completamente seguro que nunca se ha subido a uno de estos aviones, por eso he decidido comprar boletos en turista, claro que no se lo he dicho.
-Nunca he viajado en uno, me resulta un poco emocionante.- se sienta finalmente a mi lado, hace un gesto de dolor y no resiste en preguntar. Ayer pude notar que lleva un tatuaje en el costado pero no pude ver que era, plomo único que pude ver fue un cuerpo espectacular.
-¿Qué le ha sucedido?- se recuesta en el asiento y pone su mochila en sus piernas. ¿Por qué no suelta ese maletín? ¿Muy caro para poder dejarlo en cualquier lado?
-Ayer fue muy intenso, ya sabes, el After Party siempre es lo más doloroso. Uau. Pero no puedo quejarme tanto, conocí unos chicos guapísimos.- le vuelvo a ver. ¿A qué se refiere con eso y por qué demonios está sonriendo así? –Y la comida... dios bendito, la comida estaba deliciosa.- esa mirada de placer es por la comida... que chica tan rara, mi mujer estaría ya en el gimnasio solo por sentir el olor de una dona.
-Parece que fue una buena fiesta.- respondo al final. Ella asiente y vuelve a coger el móvil, contesta y comienza a hablar con alguien,está ignorándome por completo.
-¿Qué estas qué?- gruñe, la vuelvo a ver y agudizo el oído para poder escucharla. –No... espera... ¿en serio?- comienza a reírse, de que mierda habla. –Vale... si, dile que también lo amo... sí, claro que quiero verle después...- detiene sus risitas y continua hablando sobre un perro o un gato, no entiendo muy bien, ¿ama al gato o se refiere a una persona?
Comienzan a llamar para nuestro vuelo. Me levanto y ella también, coge la mochila y comienza a caminar tras de mí sin parar de parlotear por el móvil. Me abstengo de coger su maleta y ella la toma sin siquiera ponerle atención, ¿se molestó cierto? Eso espero. Dejamos nuestras maletas, le digo de su mochila y ella niega, me dice que lleva algo importante. Hace el registro y nos permiten pasar, no puedo ver lo que lleva dentro con claridad así que me resigno a no saber, la chica a pasado su mochila sin decir nada.
-Uau. Nunca había pasado por revisión de maletas.- se despega el móvil de la oreja y da unos saltitos emocionada. –Vetra ¿podemos llevar comida en el avión?- niego. Regresa a su móvil.
-No puedo llevar comida, lo siento.- dice con pesar. Ella es muy extraña, viniendo de la familia Alderweireld nunca me hubiera esperado algo como ella. Mi móvil comienza a timbrar y me tenso de inmediato. No contestaré. –Señor Vetra su móvil está sonando.- me dice, ya ha colgado y por fin me está poniendo atención.
-No es importante, es una alarma.- ella me mira sin creerme pero termina asintiendo. No tengo por qué darle explicaciones a ella. Caminamos por el pasillo y Nicci de una manera muy tonta se sube en la línea de las maletas y comienza a reír. Es una chica rara para ser una Alderweireld.
-¡Uau! ¡Que divertido!- el guardia de seguridad se acerca a ella y le pide que se baje. -Eh, lo siento, no sabía que era exclusivo para maletas.- se disculpa y yo me rio de ella, me vuelve a ver y entrecierra los ojos, me recompongo de inmediato, no quiero darle ideas. Mi móvil vibra y ahora es un mensaje.
"Me han dicho que nos has llegado en el vuelo de la mañana, ¿en dónde estás?"
Suspiro agobiado. No tengo porque darle más explicaciones. Contesto con un corto "voy a subir al avión". Lo que menos quiero es verla en este momento, le he dejado la maldita casa, le he dado dinero, no sé qué es lo que más quiere para arruinarme. Estoy fastidiadoya, no entiendo el interés de las mujeres, entre más dinero, más quieren.
-¿Por dónde tengo que ir?- me toma del brazo. Me suelto de ella con agresividad, no fue mi intensión. –Lo lamento, no te alteres.- me pasa de largo.
Mi esposa quería lujos, se los di. Mi esposa quería una casa grande, se la di. Mi esposa quería amor, se lo di y no fue suficiente para ella, siempre es el dinero, la ambición de más y el egoísmo. Me engaño en nuestra propia casa, en nuestra propia cama, ¿su excusa? Tu trabajo es más importante que yo, deja tu trabajo y podremos estar juntos otra vez, deja ese maldito hospital en las ruinas y mudemos a América. No, no podía hacer eso.
-Eh, Vetra ¿entraremos o no?- se planta frente a mí y yo la observo detenidamente. Nicci es igual que ella, lujos, atención, una mansión, servicio personal. No se conforma, siempre es el dinero. –Iason, ¿estás bien? ¿Tengo un moco?- se toca la nariz y hace viscos los ojos para poder verse. Me dan ganas de reír.
-Entremos ya, tengo lo boletos aquí.- ella asiente y como una chiquilla camina dando saltitos. No lo sé pero parece muy entusiasmada con este viaje. Cuando vea que es turista dará el grito en el cielo, seguramente querrá bajarse.
Entramos juntos y no puedo desviar la mirada de ella, va sonriendo, de hecho ha sonreído en todo el rato y es muy molesto. Pasamos por el ala y entramos, Nicci vuelve a ver todo el avión como si fuese algo nuevo para ella, las azafatas nos reciben y se acercan a mi más de la cuenta, me incomodan de inmediato y aunque las mire serio no se alejan. Nicci vuelve a verme y parece notar la molestia en mi mirada.
-Eh, cariño apresúrate.- coge mi mano y tira de mi con ella. Su agarre me parece extraño y comodo, creo. Las azafatas retroceden como si ella acabara de marcar algún territorio.
Cuando ya hemos pasado de ellas Nicci me suelta, es extraño pero mi mano se sentía caliente. Raro. Ella camina por to lo lo largo y me doy cuenta que capta la mirada de algunos. Para ser una señorita fina va vestida como una niña normal.
-¿Nuestros asientos van por numero?- pregunta asiento. –Quiero el de la ventana.- niego, ella frunce el ceño.
-Es un asiento de tres personas, la ventana ya va ocupada, tú quedaras en la orilla y yo en el medio.- espero que esto la enoje más. Creo que ni frunce el ceño.
-Ah, como un sándwich. Me gusta.- sonríe ampliamente.
-Genial. Vamos a sentarnos.- me hace caminar adelante. –Esto es muy emocionante, es como mi primera vez pero más acondicionado.- no estoy seguro de haber entendido eso.
Llego hasta los asientos que son casi los finales, estamos cerca de los baños y el avión va a mitad de pasajeros.
-Qué extraña es la primera clase.- dice. Sonrío. Es momento que se cabree. No hay duda que a la princesa le molestara viaja en turista.
-No es primera clase, es turista, los únicos boletos que quedaban eran estos.- me mira tratando de comprender, vuelve a ver hacia todos lados, por fin frunce el ceño.
-Pues es muy grande, es asombroso, ¿sirven comida o es como en las películas que te dan bolsas con maní?- rasca su barbilla como si estuviera analizando la situación.
¿Me estas jodiendo? ¿No se va a molestar o solo está fingiendo?
-A todos los pasajeros por favor tomar sus respectivos asientos, el vuelo con destino al aeropuerto de Hamburgo-Fuhlsbüttel. Australia hora de salida: 4:20pm. Alemania llegada: 9:20am- Nicci sonríe con amplitud, junta las manos y dice algo en un idioma que no comprendo. ¿En verdad sabe hablar seis idiomas o era solo un espejo?
-Es un viaje largo, podremos hablar mientras tanto.- dice. Frunzo el ceño. –Oye, ¿el pasajero de la ventana?- pregunta.
-¡Perdón la tardanza!- se escucha. Vuelvo a ver hacia adelante y un tipo acaba de entrar agitado. La azafata le dice algo y él se disculpa, seguido señala hasta donde estoy yo. Creo que le he visto en algún lugar.
Escucho a Nicci decir algo pero no le entiendo. El tipo se acerca a nosotros y nos mira de manera intranquila, vuelve a ver a Nicci que se levanta dándole permiso para entrar.
-Señor parece que se le ha hecho un poco tarde.- dice Nicci con voz extraña. El tipo la mira sin entender.
-Sí, oh, lo siento pero me encomendaron meter comida de manera ilegal y seguridad me ha detenido con una caja de donas en la chaqueta.- Nicci se ríe de él, la vuelvo a ver para que se calle, lo hace y se disculpa.
-Vaya que esa persona pensara que es usted muy poco capaz en su trabajo.- le dice. La miro molesto, que le pasa para hablarle así a cualquiera.
-Esa persona sabe que era prohibido de todas maneras.- se abre paso y Nicci le deja pasar, ambos se miran. –Por cierto soy Dainan Larusse.- extiende su mano hacia mí, ese nombre me suena conocido.
-Ella es Nicci Alderweireld.- la presento. Nicci le abraza y le da un beso en la mejilla. El acto me molesta, es muy sobrellevada. –Y yo soy Iason Vetra.- estrecho su mano. Nos piden tomar asiento y lo hacemos, Nicci no deja de sonreír y este hombre Dainan también lo hace, que suerte que voy en el medio. Antes de que pidan apagar los móviles lo chequeo.
"Estaré esperándote, necesitamos hablar."
Maldita sea. Espero que no esté en mi casa, no quiero que vea a Nicci y comience a hacer especulaciones que ella pueda usar en el proceso de divorcio. Nicci se convertirá en un dolor de cabeza aún más grande si eso pasa. Quizá no debí aceptar que viniera en este momento, no quiero vivir con ella.