Capítulo 5

2141 Words
La noche ha ido de lo mejor, he bailado con mis amigos, con mi padre, con mi hermano Bear y con Kolet que hace todo lo posible por alejarme de mis ex novios. Lo sorprendente de la noche ha sido que mi padre haya traído a mi pianista favorita, del cual me he deleitado. Por dios que me casaría con ese hombre, es atractivo, mayor pero atractivo. Creo que he tenido mil orgasmos solo con escucharlo, me he contenido de besarle porque sé que está casado de lo contrario, vengase con su chica. La otra escena espectacular de la noche ha sido Labrador Vetra. El hombre también ha sido un centro de atención, miren, le hace cariños y da sonrisas perfectas a cualquiera menos a mí, ¿raro cierto? Para ser sincera su actitud me cabrea un poco pero en este momento no puedo perder el tiempo con un amargado como él. El banquete ha sido maravilloso y delicioso, aunque Bear se ha comido todo el pastel. Mi madre está feliz, he bailado con ella y hemos estado bajo la estricta vigilancia de mi padre y hermano. Mi abuela, ha hecho de las suyas y ha bailado con todos los jovencitos que ha podido, si mi abuelo sigue vivo a estas horas es puro milagro. A las once treinta de la noche, Miki me lleva hecha un torpedo a mi habitación. Creo que todo esto va del asunto de la fiesta en un bar privado. Me sorprende que mi padre haya aprobado esto. Me sorprende que mi padre haya aprobado esto. En mi habitación hay ya un cambio de ropa, zapatos (que no me gustan mucho) y accesorios, todo junto a mi móvil, cartera y otras cosas. -Esta es tu ropa, la mía está en la habitación de alado. Cámbiate lo más rápido posible porque ya es hora de la fiesta de los jóvenes.- dice emocionada. Antes de que pueda responderle o algo, sale de la habitación corriendo, creo que Miki es la más entusiasmada, yo también lo estoy pero ella parece eufórica. Hago lo que me ha pedido y comienzo quitándome los zapatos, vaya que eran alto he bajado unos mil centímetro de altura. Me quito el vestido y lo dejo a un lado del espejo, me veía bien, admitámoslo por favor. Creo que tengo problemas de auto aceptación, debería consultar al terapista de la familia. Me trato de quitar la peineta que me han puesto para el moño. No quiero andar con un gran moño lo que resta de la noche. Mi cabello está un poco resentido por lo que se ve, no logro quitármelo, ¿Cómo me han puesto esto? Trato de abrir los pequeñas ganchos pero lo único que hago es soltar un quejido de dolor. La puerta se abre, desde el reflejo del espejo puedo ver que alguien entra pero realmente la luz es algo opaca, eso y que el espejo no puede mostrarme todo, no es que sea un espejo mágico... pero debería, le preguntare a papa si hay manera de tener un espejo mágico. El cuerpo enorme se queda de pie observándome, me giro para verle pero no sé si estoy ciega pero la luz que entra del corredor no me deja verle el rostro. Necesito anteojos. Me doy la vuelta quedando frente a él, da un paso hacia atrás. -Discúlpeme... estaba buscando el baño.- reconozco la voz. Se excusa y está a punto de salir. -No, señor Vetra. ¿Puede ayudarme por favor?- la puerta queda entreabierta y él está entre en medio, adentro y afuera. -¿Qué necesita?- pregunta. Su voz es densa, casi apagada y pareciera un poco vacilante. -Necesito que me quite esta cosa de la cabeza ¿podría hacerlo? Mis brazos son cortos y un poco inútiles.- gruño jalándolo pero me termino jalando el pelo y gruño adolorida. No hay nada más delicado que el cuero cabelludo. -Podría... ponerse algo de ropa, no me gustaría que se malinterprete la situación.- me vuelvo a ver el cuerpo, oh, tiene razón, no me había puesto la ropa. "Qué vergüenza" -Por favor de la vuelta y espere un segundo.- le digo. Lo hace de inmediato. Me acerco a la cama y me pongo el cambio, esta ropa esta bonita. Muy sencilla y cómoda. Me gusta. Labrador se mantiene en la posición que le he pedido, ¿me debería sentir avergonzada por lo que acaba de suceder? Bueno, es como si estuviéramos en la playa y me viese con un bikini ¿cierto? No es la gran cosa, además es un adulto y yo también lo soy. Me termino de cambiar, me pongo los zapatos y ahora solo falta el cabello. -Listo. ¿Puede ayudarme ahora?- pregunto. Se da la vuelta lentamente, me acerco a un tomo cerca del espejo y las luces del techo se encienden. Mi habitación se ilumina y Labrador vuelve a ver todo el lugar. –Grande para confundirlo con el baño ¿cierto?- le digo. Regresa su mirada hacia mi y ahora se con certeza que es Labrador Frozen. -¿Es su habitación?- asiento. Se acerca a mí por completo y me doy la vuelta quedando frente al espejo. –Es muy grande para una niña.- sonrío. Se coloca atrás de mí y coge mi cabello. Su voz es inmaculada, me gusta este tipo. -Es muy pequeña cuando tengo compañía.- respondo. Esta considerablemente cerca de mi espalda. -¿Se refiere cuando viene su novio?- frunzo el ceño ante la pregunta. -¡Auch!- digo cuando jala mi cabello. Se disculpa en silencio. –No tengo novio, ¿usted señor Vetra? ¿Tiene novia?- espero que responda con lealtad. No responde y el silencio me vale. -Tiene usted un cabello muy suve.- espero que sea un alago. Termina de quitármelo y se lo agradezco, me acaricio la sien. -Mi madre casi me mata con esto.- doy un paso hacia adelante. Los zapatos no me gustan. -¿Qué opina de mis zapatos?- pregunto. Vuelve a verlos. Creo que los mira sin saber si están bien o no. -Le quedan bien.- responde. No le gustan. -Señor Vetra no sea mentiroso.- sonrío. Me los quito y los cojo. –No le gustan, solo dígalo, a mí tampoco me gustan.- comienzo a caminar hasta el armario. Él me sigue con la mirada. -¿Si no le gusta porque los compra?- su voz es un sonido candente. Fuerte y ronca. -Buena pregunta pero no los he comprado yo, me los han dejado aquí y creo que son un regalo.- -¿Si son un regalo porque no los usa?- me está atacando con su voz. No le haré caso. -¿Ha visto los que he usado hace un rato?- vuelvo a verlo y el asiente. –Comprenderá que no aguantare mucho tiempo usando zapatos tan altos, las mujeres tenemos nuestros límites.- entro y saco un par de zapatos bajos, son tacones pero no son tan altos y pesados. Me los pongo y me veo en el espejo de enfrente. Mi cabello es un enigma. -¿Ese es su guardarropas?- asiento. Bueno, es algo grande pero es normal viniendo de mí. –Mucha ropa para alguien que solo pasa en casa.- ha, define pasar en casa, por favor. Labrador se acerca y comienza mirar todo a su alrededor, su mirada es seria y hasta un punto pareciera que se ha disgustado con todo. Entonces no le mostrare el baño.          -Señor Vetra ¿en verdad se ha equivocado de habitación?- pregunto. Me mira y no dice nada, asiente y se da la vuelta. -Sí, y ya que me lo ha recordado.- camino detrás de él. -¿Puede hacerme otro favor?- muerdo mi labio y él me mira expectante. Nos miramos por unos segundos que parecen eternos. Sus ojos sin muy guapos. -¿Qué desea?- termina respondiendo. Me acerco a él. Este hombre es muy intrigante ¿cierto? Me acerco lo suficiente para poder sentir su respiración. Su mirada me sigue y yo abro la boca. Este tipo tiene unos labios muy tentativos ¿alguien podría resistirse a ellos? Sí, yo. -¿Puede hacer trenzas?- me alejo de él. Su boca se abre y termina resoplando. –Mi cabello es un desastre, pero quiero una de aquí, hasta aquí.- le muestro. Él  me mira y yo le sonrío con inocencia. Me analiza minucioso. Voy a vivir con este hombre creo que es bueno comenzar a relacionarnos, me parece que yo lo estoy haciendo bien. Termina asintiendo y volvemos a entrar al guardarropas, creo que ahí tengo colitas, abro una de las gavetas y saco unas cuantas, le entrego el cepillo y yo me siento frente al espejo. Labrador se coloca atrás de mí y coge mi cabello para primero cepillarlo y poder recoger las partes necesarias. Me dedico a analizarlo. Se ve muy atractivo. Ese traje le queda muy bien, no es por nada pero no pensaría que en verdad es un médico, me encantaría verle con su uniforme y espero poder hacerlo en cuanto estemos en Alemania. Me intriga su esposa pero no voy a decirle nada, me pregunto si esa mujer estará de acuerdo con que viva con él, ¿acaso eso es lo que le ha traído problemas? No, cierto, si eso fuera él se hubiese negado aunque claro está la posibilidad de que mi padre le haya ofrecido un trato a cambio de mi estancia en su casa. Por lo que me dijo hoy por la mañana parece que la idea de tenerme viviendo bajo su techo le resulta desagradable. Me intriga. -Señor Vetra, si no quiere que viva con usted ¿Por qué no le dice a mi padre?- le pregunto. Se detiene y me vuelve a ver. –Es decir, hoy me ha dicho que no quiere tenerme en su casa y usted también tiene una actitud despectiva hacia mi ¿Por qué mortificarse?- continua arreglándome el cabello con la misma concentración que antes. -Como le he dicho señorita Alderweireld, tengo un trato con su padre.- frunzo el ceño. La idea del dinero se me pega otra vez. –Estoy muy agradecido con su padre por ciertas cosas, aunque la idea de tener una niña mimada en casa me resulte irritante...- sí, ya lo sé. -No importa, si no quiere tenerme allí solo tiene que decirlo. Señor Vetra. No quiero importunarlo.- me levanto pero no suelta mi cabello y me obliga a sentarme otra vez. Auchi. -Viajara conmigo, viviremos juntos y estará bajo mi cargo. Eso es lo que su padre ha pedido y es lo que haremos, no sé si su padre le ha dicho pero tendré carta blanca con usted.- frunzo el ceño. De qué habla. -¿Ha que se refiere?- pregunto. Me vuelvo a levantar y repite el acto sentándome de golpe. Termina de ponerme la colita y me miro en el espejo. El tipo es bueno. No importa, ¿Qué es lo que acaba de decir? –Señor Vetra ¿a qué se refiere con "carta blanca"?- sonríe altanero. -No lo sé señorita Alderweireld, lo averiguaremos viviendo juntos y le recomiendo algo, vaya olvidándose de todos estos lujos.- me he cabreado, ¿Qué trato tiene Labrador con mi padre? ¿Qué es eso de carta blanca? Mi padre no me ha dicho nada más de lo necesario, viviré con él y punto. Finalmente me levanto de la silla y le encaro. Su mirada es gélida y la mía es molesta, y algo confundida. Viajare con él, eso es seguro yo misma he aceptado el trato con mi padre. Eso de olvidarme de los lujos está bien, ese será el propósito del viaje, dejar la vida lujosa por todo el año y tratar de relacionarme con personas que no sean estiradas como las que están a mí alrededor. Comienzo a caminar hasta mi cama para coger mis cosas, las tomo todas y seguido camino a la puerta. Labrador me sigue pero realmente no dice nada, creo que tenía como propósito arruinarme el ánimo y creo que lo está logrando, tiene un carácter pésimo y de verdad me desagrada que me llame "niña rica" "chiquilla mimada", en realidad no me conoce para nada y espero que esta actitud cambie estando lejos de aquí. -Muchas gracias por su ayuda, señor Vetra. Si me disculpa tengo una fiesta que atender.- antes de que cierre la puerta se acerca a mí. -Disfruta tu última noche de libertad.- me evita el paso poniendo su mano en la puerta. –Porque te aseguro que la echaras mucho de menos.- le miro sin expresión, no lo sé pero con esa cara puedo llegar al presentimiento de que mi vida en Alemania no será exactamente como lo he planeado. -Que tenga una feliz noche, señor Vetra. Disfrútela así como yo lo hare, tal vez hasta la disfrute de mejor forma que usted.- le respondo con la mayor cortesía. Que pesado se pone. Quita la mano de la puerta y ambos nos observamos, si no fuera tan guapo, si no fuera tan frio, si no fuera un amargado pesado y algo bipolar. Seguramente le besara en este preciso momento. Salgo de la habitación y le dejo ahí, quizá debería hablar con mi padre y cancelar mi estadía con él. ¡No Nicci! Nada va a pasar con este tipo y aunque así fuera, si Labrador se pone pesado estoy segura que podre lidiar con él. Por Dios. Soy yo. Nicci Alderweireld.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD