Los párpados pesados y un dolor punzante en su cabeza. Los sonidos embotados y luces tenues titilando. Un andar veloz, un aroma inusual y el sonido de vidrios estallando. Luego gritos y más gritos. Gritos desesperados, gritos enfadados, gritos irascibles. -¡Te lo advertí! ¡Te dije lo que pasaría si intentabas escapar!- conocía esa voz pero no podía responder. Simone estaba adormecida, estaba segura de que habían puesto algo en su bebida y aunque luchaba por abrir sus ojos, el efecto de aquella droga parecía ganar la pulseada. Alguien la cargaba, alguien le dirigía ignorando las advertencias, pero ella sabía muy bien lo que podía ocurrir. Necesitaba bajar, necesitaba regresar. No le importaba recibir otro golpe, no le importaba entregarse a esos hombres lascivos y cobardes que deb

