El cordón de cinta amarilla y negra marcaba el perímetro de aquella propiedad que había sido majestuosa e imponente y ahora solo guardaba columnas negras de humo y hollín. Simone había corrido con todas sus fuerzas mientras las lágrimas brotaban desesperadas de sus ojos. No podía estar pasando, no, otra vez. No, por tu culpa. Un hombre uniformado de abdomen prominente y bigote exagerado estiró su mano para obligarla a detenerse. -No se puede pasar.- dijo sin mirarla con voz estridente y segura, justo cuando Florencia se acercaba con la lengua prácticamente afuera de su boca. -Tengo que pasar, necesito hacerlo, es mi.. Es mi…- dijo con la respiración entrecortada sin lograr encontrar la palabra que describiera lo que Novak era para ella. -No hay nada que ver señorita, por favor déj

