Se tambaleaba sobre el trozo de madera móvil sobre el agua, siendo sacudida por las olas tantas veces que terminaba cayendo directo al agua, como si esta estuviera tratando de hacerle saber lo pésima que era para el trabajo. Marcelo había tenido mucha paciencia para con ella, pero Raeliana estaba a punto de rendirse. — Supongo que las chicas como yo no estamos hechas para esto. — Suspiró, no le parecía agradable la idea de tener que dejarlo. — No tienes que preocuparte, es común que las personas principiantes se caigan o no dominen la tabla. Es algo que se logra con la práctica, pero creo que tu problema es que estás pensando demasiado en que no puedes hacerlo y eso te limita a lograrlo. — Marcelo le tendió la mano. — ¿Por qué no vienes conmigo y te muestro cómo hacerlo? Raeliana termin

