— Muchas gracias, señorita. — Raeliana dejó el dinero encima del mostrador, empujándolo un poco hacia la mujer que la atendió y pocos segundos antes reveló las fotografías, entregándoselas en físico. Tras su necesidad constante de tener un archivo donde narrar sus aventuras se había dado cuenta de que necesitaba imágenes que las complementaran, por eso Juan la llevó a un centro donde podía imprimir sus fotografías, estaba ubicado dentro de un centro comercial. — ¿Las tienes todas? — Raeliana asintió ante la pregunta de Juan, quien se levantó de su asiento apenas la vio salir de la tienda. — Afuera está lloviendo, así que ¿Quieres que nos sentemos a verlas? Podemos tomar un café mientras tanto. — ¿Un café? — A ella le sorprendió que Juan asintiera, confirmando su decisión. — Sí, sería ex

