Leo miraba a Sebastián con total enojo, no se molestaba siquiera en disimular su enfado. Pensé que lo iba a golpear hasta que sintió que mi mano tomaba fuertemente la suya. —Sebastián, sé bien que la manera en que conocí a Leo no es la más correcta y tampoco la más convencional. Sin embargo, trato de no pensar tanto en ese asunto, puesto que es algo que me afecta demasiado y contigo mencionando esto no ayudas en absoluto. —Lo siento, no fue mi intención hacerte sentir incómoda. Es solo que me tomó por sorpresa el hecho de que te hayas casado tan de prisa y más con la persona que es tu esposo. —Y vuelve la mula al trigo. Cuando Sebastián intentó tocar mi rostro, Leo lo detuvo y pude ver nuevamente esa chispa de enojo en su mirada. —No toques a mi esposa de esa manera, se pueden dar ma

