Capitulo 2 - Sara

2215 Words
En la actualidad… (febrero del 2022) Sara Mi viaje al pasado termino. La noche se disipo, sobre un nuevo amanecer, y era hora de que me alistara para dirigirme al trabajo. A pesar de ser un nuevo día, no podía dejar de pensar, en aquello que mi mente daba vueltas, en aquello que me había mantenido despierta la noche anterior.  No podía dejar de pensar en aquellas palabras con tanto significado, que eran expresadas por personas fugaces, que no habían logrado cumplir la promesa que ellos aseguraban, al decir, con una emoción irreal sobre su rostro, que siempre estarían ahí para nosotros, en nuestras vidas, y no, no había sido así.  No podía dejar de pensar en Clara, en las botas amarillas de mi infancia, y en como, de un momento a otro, ella había desaparecido de mi vida.  Pero en fin, por el momento, era hora de que me dirigiera al trabajo. Tenia mucho por hacer. No podía permitir, que pensamientos, recuerdos, personas y palabras del pasado, me afectaran en mi vida laboral. La vida seguía, y no se detendría por nadie. Mucho menos por mí.  Caminaba por las calles de la ciudad, con mis cosas en mano, dirigiéndome hacia el trabajo, mientras el sol se reflejaba sobre mis ojeroso rostro, a causa del insomnio que me acechaba, con aquellas constantes preguntas que me abrumaban todas las noches. Nada parecía tener un sentido concreto. Ni las acciones. Ni mucho menos las palabras, que solía escuchar de la gente a mi alrededor.  Me encontraba atrapada dentro de la monotonía de la adultez. Y la monotonía, siendo parte en la etapa de la adultez, no es muy bien recibida. El ser adulto, era estar expuesto a la realidad de la vida. Y eso sí que no era nada fácil.  Parte de mis monótonos días, era levantarme a buena hora por la mañana, y dirigirme hacia el trabajo, que me esperaba, a unas cuadras, cerca de donde vivía. Caminaba y caminaba, sin pensar, en medio de las calles ajetreadas de personas que subsistían sus vidas, al igual que yo, atrapados dentro de la monotonía de la adultez, en donde narraban sus propias historias, cada una de distinta manera, con cada paso que estos daban, hacia un destino trazado por sus acciones.  Calles ajetreadas impregnadas con aromas no distintivos, que flotaban por el entorno, acompañando a las personas y sus trayectos del día a día. Se percibía la algarabía de la metrópoli, los autos y sus pitidos, las palabras que eran pronunciadas, divagando por los aires, el viento siseando entre los rascacielos y los pasos de la gente al caminar. Los altos edificios hacían juego entre sí, alzándose sobre la ciudad de personas, acciones, sonidos y aromas variados, que formaban una escena pintoresca, definiendo la realidad de lo que era vivir en Nueva York. La masa de personas se desplazaba por la acera de un lado a otro, portando un sin fin de rostros distintos, con rasgos característicos, donde yo, formaba parte de aquella muchedumbre, caminando, con el objetivo de llegar al trabajo. Tomaba la avenida de Columbus, caminando 5 cuadras al oeste, par finalmente adentrarme por el west 71 st, donde se hallaba el edificio con las oficinas donde laboraba.  De un momento a otro, un hombre que caminaba en dirección opuesta, choco contra mí, haciendo que todas mis cosas, se cayeran al suelo. —Lo siento—repuso el hombre, agachándose al suelo, con la intención de ayudarme—Deja te ayudo. —No hay problema—repuse, recogiendo mis cosas.  A continuación, lance una mirada al rostro del hombre, con el cual había chocado, en medio de las calles de Manhattan. Quede completamente helada, al reconocerlo de inmediato. Era Emilio. El hermano de Clara. El hermano perfecto de mi primera mejor amiga en la infancia. Pude reconocerlo sin problema alguno, ya que seguía teniendo el mismo rostro simétrico que lo caracterizaba.  Era extraño. La noche anterior, no había podido dormir, pues no dejaba de pensar en Clara, en su actual paradero y en las palabras expresadas por ella, que resonaban en mi cabeza, una y otra vez, y ahora, estaba aquí, en medio de la muchedumbre y los edificios de la enorme ciudad, divisando a su hermano. ¿Casualidad..? En ocasiones, la vida me parecía demasiado impredecible, y en otras ocasiones, no lo era tanto.  —Emilio… —Disculpa, ¿quién eres? ¿Te conozco? —Soy Sara. No sé si me recuerdes. Era amiga de tu hermana Clara en la infancia.  —Oh sí..—contesto Emilio—Tengo un vago recuerdo de ti. Es increíble que me reconocieras.  —¿Cómo han estado tu y tu familia? ¿Cómo está Clara? Nunca volvimos a saber nada de ustedes cuándo se mudaron a Los Angeles.  El rostro de Emilio cambio por completo. Tenia una expresión vacía. Turbia. Una oleada de sentimientos me invadió. Sabia que algo ocurría.  —Cierto.., lo mas probable es que tú y tu familia no se enteraran del accidente—titubeo Emilio, con un dejo de tristeza en sus palabras. Mi corazón comenzó a palpitar aceleradamente—Tuvimos un accidente de auto al llegar a Los Angeles, en donde mi padre y Clara fallecieron. Me estremecí. Y pensar que tanto tiempo había odiado a Clara por nunca haberme contactado. Estaba completamente anonadada. Mi amistad con Clara se encontraba un tanto borrosa en mis recuerdos, mas ella había sido mi primer amiga en el mundo. Había llegado a ser alguien importante en mi vida. Ella había fallecido. Y yo, siendo su mejor amiga en el mundo, no había logrado enterarme, hasta 18 años más tarde.  Emilio me platico de la decisión personal de su madre, de no enterar a las personas de lo ocurrido, para preservar la memoria de Clara y su padre, como seres completamente con vida.  Era una sensación extraña. En aquel momento, mi yo de siete años de edad, se encontraba sufriendo, por tan enorme revelación. Comprendí que, a pesar de nuestra corta edad en aquellos años, sus palabras, al final de todo, si habían logrado tener un peso especial, al expresarme que siempre estaría ahí para mí. Porque así lo era. De alguna manera, sin haberme dado cuenta, ella me había acompañado siempre, dentro de mí, dentro de mis recuerdos, dentro de mi corazón. Eramos solo dos niñas de siete años, que creíamos ingenuamente, que siempre seriamos amigas. Pero, no fue así. Las cosas cambian. Sucesos ocurren. Y la vida, da un giro de 180 grados.  Me despedí de Emilio, lamentando lo sucedido, y seguí con mi camino, hacia el trabajo. Mientras caminaba, lance mi mirada al cielo, dibujando una sonrisa nostálgica en mi rostro, como si de alguna manera, Clara estuviera ahí, flotando por los cielos, presenciando a su querida amiga de la infancia.  La vi ahí, sobre las nubes, devolviéndome la sonrisa. La vi ahí, sobre las nubes; una pequeña niña de siete años, con su cabellera rojiza. La vi ahí, sobre las nubes, llevando mis botas amarillas en sus pies.  Finalmente llegue a las oficias donde trabajaba. Trabajaba como diseñadora gráfica, de una empresa local, de postreria y café en Manhattan, llamada The House of Desserts and Coffee, en el puesto de directora de arte, donde gestionaba a un equipo entero de diseñadores, con el fin de coordinar todo, para que así se pudiera realizar el trabajo completo, al tiempo asignado, de los diseños publicitarios de marketing, los anuncios, en r************* , en las etiquetas de alimentos en venta y en todo lo que estaba relacionado a esa área.  Me gustaba mi trabajo. Me gustaba hacia donde había llegado. La gente solía decir, qué había logrado tener éxito. Y sí, así lo era.  Mi trabajo era en lo único, en lo que había logrado tener éxito.  —Buenos días, Brenda—salude a mi compañera, entrando a la oficina. —Hola, jefa—contesto—Ay no, ¿y esas ojeras? ¿Otra vez desvelándote con tus preguntas existenciales? Brenda me conocía. A demás de ser mi compañera de trabajo, era una buena amiga, que solía escucharme, aconsejarme, estar para mí.  —No son preguntas existenciales. Son realidades de la vida —¿Realidades? La semana pasada me dijiste que te desvelaste preguntándote de la existencia de Dios. Solía preguntarme sobre la existencia de Dios, sobre la evolución y de dónde veníamos realmente. Había crecido, yendo a la iglesia, junto a mi familia. Ya que, a ellos les gustaba creer en Dios, en la religión y en todas las cosas espirituales. Sin embargo, al crecer, personalmente, preferí desligarme de todo eso, y no creer en absolutamente nada. No estaba peleada o enojada con la religión. Simplemente, con paso el tiempo un escepticismo apareció. Y no, no tenia las respuestas de la vida, no sabia de dónde veníamos ni para que estábamos en este mundo, mas prefería quedarme con el beneficio de la duda.    —Eso fue diferente—conteste. —¿Entonces?  —Ayer me detuve a pensar—suspiré—¿Cuándo fue la ultima vez que dijiste un te amo sincero? ¿Cuándo un siempre voy a estar para ti, se cumplió del todo? ¿En qué momento perdimos la profundidad e importancia de esas palabras, como para expresarlas o recibirlas así como así? —Wow..—replicó Brenda—,nunca lo había pensado de ese modo. Pero en fin, son solo palabras, y como dice la canción, las palabras se las lleva el viento… —Pero, ¿por qué..? Esa es la cuestión, ¿por qué las palabras tienen que ser llevadas por el viento? Entonces, ¿nada de lo que decimos tiene un verdadero impacto?  —Ay, Sara—expresó Brenda—Estas pensando demasiado las cosas.. —No, no es así—interrumpió Max, uno de nuestros compañeros de trabajo, que se encontraba enseguida de un cubículo, de donde estábamos Brenda y yo—Tienes razón, nunca había pensado algo tan cierto.. —No te metas, Max—dijo Brenda—Tu opinión no cuenta.  —¿No cuenta?—expresó Max—Mas bien sigues molesta porque termine contigo.  Todos a nuestro alrededor alardearon, lanzando risas y gritos.  Max y Brenda habían salido por un año entero. Parecían muy enamorados. Mas de un momento a otro, Max termino con Brenda, sin explicación alguna. Ahora tenían que verse todos los días en el trabajo. Y yo, tenia que aguantar las peleas de mis dos amigos de trabajo, sin ponerme en ningún lado, o dar mi opinión.  —En todo caso, estas reconociendo que todas las palabras que me dijiste fueron falsas, sin sentirlas en verdad—replicó Brenda, indignada. Max permaneció en silencio. Solo se sentó en su escritorio, sin decir nada más.  —Tranquilos, chicos—musité—Creo que es mejor volver al trabajo. Deje atrás a mis dos amigos, dirigiéndome hacia mi pequeña oficina, con un bellísimo paisaje, pintando un perfecto retrato de Central Park, el cielo, los edificios y la ciudad en su máximo esplendor.  Luego, proseguí a trabajar en mi computador, ignorando la tensión dejada atrás, de mis dos compañeros de trabajo. Chequé el calendario con los próximos proyectos asignados. Analicé los comentarios de los jefes y gerentes de la empresa, de los trabajos y diseños realizados. Indagué un poco en las r************* del local. Y finalmente, me dispuse a seguir trabajando en la realización de los nuevos proyectos programados para los próximos meses.  Minutos mas tarde, Brenda se apareció sobre el umbral de la puerta de mi oficina y acercándose hacia mi escritorio, en donde me hallaba incorporada, me dijo: —Okay, sí. Tienes razón. Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a dar y recibir palabras sin profundidad alguna. Eso me hace pensar en Max y en lo que fue nuestra relación. Creo que es un poco triste.. Definitivamente, era triste. El tirar por la borda, palabras de tanto valor y significado. El haber malgastado el tiempo con personas fugaces, que solo expresaron palabras y promesas sin sentir y sin cumplir. Mas, era la realidad. Una realidad, que como seres humanos, vivíamos día con día. Aquello, era una realidad difícil de cambiar. Pensé en Brenda y en su relación con Max. En cómo habían cambiado las cosas. De jurarse amor eterno a pelearse frente a todos, en la oficina, con un resentimiento distinguible en sus miradas. Pensé en cómo simplemente se olvidaron de los sentimientos, los recuerdos y de cada palabra expresada. ¿Dónde habían quedado sus promesas, sus palabras, sus siempre estaré para ti? ¿Dónde..?  Y ahí, en medio de mis pensamientos, de Brenda y el paisaje de Central Park, en mi oficina, frente a mis ojos; en medio del ajetreo y la gente absorta, trabajando en su computador, volví a recordar, por ultima vez, a mi amiga de la infancia, Clara, y a sus palabras ululando por el viento. Palabras que no habían sido cumplidas, por las circunstancias de la vida. Pero, supuse que así era la realidad de las cosas. Así eran las palabras. Los hechos. La vida. No podías dar por hecho una promesa, una frase, recibida, sin importar, incluso, el impacto mismo que estas podían tener. No podías dar por hecho nada en esta vida. Al fin y al cabo, las palabras se las terminaba llevando el viento..
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