El mismo día New York Matthew Nunca he sido bueno manteniendo la frialdad bajo presión. La verdad, estaba aprendiendo a los golpes. A base de errores. A fuerza de tragarme el orgullo y no dejar que cualquier contratiempo me hundiera. Pero lo que no sabía… lo que realmente no imaginaba, era que casarme con Kelly sería declararle la guerra a su padre. Una guerra en la que yo no era más que un peón mal colocado en su tablero. Y, aun así, en vez de dar media vuelta y salir corriendo, había algo —algo visceral, casi estúpido— que me arrastraba a quedarme. Corrijo: Kelly. Kelly era esa fuerza. Me seducía su rebeldía, su forma de mirar al mundo sin pedir disculpas. Esa sinceridad brutal con la que insistía en seguir adelante con la boda, como si no existiera el caos que nos rodeaba. A su ma

