---
El sonido de la campanita sobre la puerta del café se había vuelto familiar.
Cada tarde, a la misma hora, Ethan aparecía.
No hablaba mucho. Se sentaba en la mesa junto a la ventana, pedía café n***o, sacaba su cuaderno y escribía.
Lía fingía no esperarlo, pero su mirada se dirigía al reloj cada vez que se acercaban las cinco.
—¿Otra vez aquí? —le dijo una tarde, mientras limpiaba su mesa.
Él levantó la vista.
—El café es bueno… y la compañía también.
Ella rió, sin saber qué responder. No estaba acostumbrada a los halagos.
El viento del mar se colaba por la puerta, trayendo consigo el olor a lluvia próxima. Afuera, el cielo se volvía gris.
—¿Siempre escribís? —preguntó ella, señalando el cuaderno.
—A veces. Es la única forma que tengo de recordar sin que duela tanto.
Lía lo observó con curiosidad. Había en sus palabras una melancolía que la atraía, como si cada frase escondiera una historia que él no quería contar.
—¿Recordar qué? —se atrevió a preguntar.
Ethan sonrió, pero no de felicidad.
—A las personas que ya no están.
Ella no insistió. Sabía lo que era perder. Su padre había desaparecido cuando ella tenía doce años, y su madre nunca volvió a hablar de él.
Un trueno retumbó a lo lejos.
—Parece que otra tormenta se acerca —dijo ella.
—Sí… —murmuró él—. Y a veces, no importa cuánto huyas, siempre te encuentra.
---
Esa noche, cuando cerró el café, Lía lo vio esperarla afuera con un paraguas.
—Vivo cerca, puedo ir sola —dijo ella.
—Lo sé, pero no me gusta verte caminar bajo la lluvia —respondió él.
Caminaron en silencio. Las gotas caían suaves, el aire olía a sal y a tierra mojada.
En un momento, una ráfaga de viento apagó la farola de la esquina, y todo quedó en penumbra.
Lía tropezó, él la sostuvo por la cintura.
Por un instante, quedaron tan cerca que ambos olvidaron respirar.
La lluvia caía entre ellos, pero el mundo se detuvo.
—No deberías mirarme así, Lía —susurró él.
—¿Y cómo debería mirarte? —preguntó ella, con voz temblorosa.
—Como si no tuvieras idea del peligro que soy.
Se separaron sin decir más.
Pero esa noche, los dos supieron que algo había comenzado…
Algo que ya no podrían detener.
---