Capitulo 5

1977 Words
Nina Después de la oficina, había ido directo a casa pensando en mandarle un mensaje a Henry, dándole las gracias por el hermoso ramo que me había mandado y confirmar nuestra cita, pero todo se va a la mierda cuando entro a casa y está mi madre con lágrimas en sus ojos. Delante de ella, una chica muy linda, por cierto, pero con aires de grandeza. Me acerco a mamá y beso su mejilla. La mujer me mira de arriba a abajo y yo solo niego. No me interesa quién sea, pero ya con solo verla me cae mal. Mi madre limpia sus lágrimas y me sonríe, pero sé que algo aquí no está bien. Dios, ¿habrá un día en que pueda llegar a casa y no encontrar algún problema? Pero aquí vamos. Me dirijo hacia mi madre y le pregunto: —¿Qué está sucediendo, madre? Ella sonríe y niega, pero a mí no me convence. —Nada, hija. La señorita ya se iba. La mujer suelta una carcajada que me eriza la piel. Se ríe como una bruja. Dios santo, qué horror. —Vamos, señora, explícale a tu hija quién soy realmente. Mi madre aprieta los puños y está roja del coraje. Ella no es así. Así que suspiro y me acerco a la mujer. —Mira, no sé quién seas y no me interesa, pero veo que alteras a mi madre, así que por favor, sal de nuestra casa. Ella vuelve a reír y niega. —No me puedes echar, porque muy pronto los que se van a ir de aquí son ustedes. ¿Por qué no le dice de una vez quién soy, señora, y nos dejamos de este show? Volteo a ver a mi madre y ella se acerca a mí y toma mi rostro. —Cariño, ¿por qué no vas a tu habitación? Yo tengo que terminar de hablar con la señorita. Si mi madre piensa que la voy a dejar sola con esta loca, está muy equivocada. —Madre, no soy una niña y no sé por qué, pero estoy segura de que esto tiene que ver con papá, ¿o me equivoco? Mi madre no dice nada, pero la mujer sonríe. —Bingo, has acertado. Yo suspiro y sonrío. En eso veo que entra mi padre y cuando la ve él, pierde el color. Mi sonrisa se expande, porque solo espero que con esto que está pasando, por fin mi madre abra los ojos y le dé una patada en el culo a mi padre y lo mande tan lejos que no lo volvamos a ver. Pero al fin y al cabo, hablamos de mi madre, no de mí, así que no creo que eso pase. Mi padre se acerca a la chica y la toma del brazo muy fuerte para mi gusto. Solo veo que hace una mueca de dolor. —¿Qué diablos estás haciendo aquí? —Te dije que si no me respondías, vendría a hablar con tu esposa. Pensaste que estaba jugando, pues estás equivocado. A mí ahora me respondes, porque estoy esperando un hijo tuyo. Yo me quedo en shock. Mi madre llora como Magdalena y mi padre suelta una carcajada como si fuera lo más gracioso que le han dicho. Es en serio, ni para ponerse un maldito condón tuvo tiempo. Él no para de reír y ella se ve furiosa, pero parece que a él no le importa. Bueno, realmente a mi padre no le importa nada, por lo que veo. —No digas estupideces, ese niño no es mío. Encuentra a otro idiota que te lo mantenga, porque de mí no vas a recibir ni un centavo. Así que lárgate de mi casa y no te quiero volver a ver cerca de mi familia. Ella empieza a gritar como loca y mi padre la saca de la casa. Mi madre no deja de llorar y yo sigo aquí parada, viendo lo que un hombre puede hacer cuando no piensa con la cabeza correcta. Cuando mi padre regresa, se acerca a mi madre, pero ella da un paso atrás. Él suspira y talla su rostro. Ella se da la vuelta y se va a su recámara. Mi padre me ve y se ve molesto. No conmigo, no. La va a tomar, después de que él que la caga es él. Así que yo también empiezo a caminar hacia mi recámara, pero sus palabras me detienen. —No es verdad. Yo volteo y lo miro con una sonrisa en mi rostro y una ceja alzada. Qué cínico es. —¿Que no es verdad que te revolcabas con ella o que está embarazada de ti? —¿Que está embarazada? Yo suspiro y pongo mi mano en el pecho, algo dramática. —Dios, pero qué alivio. De verdad, no sabes el peso que me has quitado de encima. Por Dios, papá, te revolcabas con la mujer, ahora te sale que está embarazada y dices que no es tu hijo. Eres muy cínico, ¿sabes? —Nina... Yo niego y me acerco a él los pasos que me había alejado. —No, no quiero escuchar tu sermón de respeto porque eres mi padre ni nada por el estilo. Ahórrate lo. Solamente te voy a decir una cosa, papá, y sabes que es lo más lamentable. Es que te lo digo porque te amo, porque eres mi padre y me duele, pero estás haciendo las cosas mal. Estás lastimando a mi madre como creo que jamás nadie lo ha hecho. El día que esa mujer que has visto que se ha ido llorando para no escuchar tus estúpidas explicaciones se vaya de tu lado, te vas a arrepentir. Porque cada mujer que se acerque a ti solo va a ser por tu dinero, ese dinero que veneras y amas más que a todos nosotros. —Eso no es verdad, hija. Sabes que los amo con todo mi corazón. —Pues tienes una manera muy fea de amar. Lamento decirte que no sabes amar. Solo te amas a ti mismo. Amas tu dinero, amas todo lo que eres. Yo solo te digo que algún día te vas a arrepentir de todo lo que has hecho. Y créeme, papá, que me va a doler verte de esa manera, pero son tus decisiones, no las mías. Me doy la vuelta y lo dejo de pie. Voy hacia mi recámara. Cuando entro, lo primero que hago es tirar mi bolso y quitar mis zapatos. Me tiro en la cama y suspiro. Mis ojos se humedecen. Pues es cierto lo que le dije a mi padre. Lo amo, pero odio todo lo que es y todo es por el maldito dinero. Cuando estoy metida en mis pensamientos, escucho que suena mi teléfono. Me pongo de pie y busco mi bolso. Soy un desastre. Cuando lo encuentro y tomo mi teléfono, veo un mensaje de Henry: "¿Te gustaron las rosas?" Yo sonrío y devuelvo el mensaje: "Sí, gracias por el detalle. No te hubieras molestado." Espero un rato y me contesta: "No es molestia. Estoy ansioso porque llegue el día de nuestra cita." Yo sonrío y suspiro. Sí, yo también. Diablos, pero no me puedo ver tan desesperada. "Si te veo ese día, que descanses." Él me responde igual: "Descansa." Dios, es el chico que me ha gustado desde siempre, pero tengo miedo de que se decepcione de mí. Antes, jamás me había prestado atención. ¿Qué cambió? con esa pregunta. Me quedo completamente dormida. Escucho que suena mi teléfono, pero no quiero contestar. Lo tomo de la pequeña mesa de noche y, sin abrir mis ojos, contesto: —Hola. —Buenos días, pequeña Nina. ¿Cómo estás? De inmediato, mis ojos se abren como platos y me siento en mi cama. Veo el celular y son las cinco de la mañana. Mierda, ¿pero este hombre no duerme? —Buenos días, señor Williams. ¿En qué le puedo ayudar? —Discúlpame si te desperté. Sé que es un poco temprano,pero quería hablar contigo antes de que fuera hasta la oficina. ¿Podríamos reunirnos en la cafetería que está a unas cuadras? Yo frunzo el ceño, pues es extraña esta llamada. —Claro que sí, pero ¿sucede algo malo? —No, no, solo necesito hablar contigo. Quisiera hacerlo antes de que veas a mi hijo en la oficina. —Por supuesto, no hay problema. Dígame a qué hora y ahí estaré. —En media hora, no quiero que se dé cuenta de que nos reunimos. —Por supuesto, ahí estaré puntual. Cuelgo la llamada y corro a la ducha. Media hora es muy poco tiempo. Me visto lo más rápido posible. Cuando salgo al pasillo, veo dos maletas fuera de la puerta de la recámara de mis padres. Si soy sincera, quisiera entrar y preguntar qué sucede, pero ya me lo imagino. Con paso apresurado, pues ya se me ha hecho tarde, me dirijo hacia la recámara de Maty. Abro sin tocar y qué gran error. Está con la estúpida de su novia, semidesnudos y dormidos en su cama. Solo suspiro. Gracias a Dios, a ninguno de los dos se les ve nada inadecuado. Me acerco a Maty y tapo su boca. Me acerco a su oído y lo llamo. —Maty, despierta. Él empieza a abrir los ojos y se espanta. Le hago señas de que guarde silencio, pues sinceramente no me gustaría que su novia se entere de los problemas que hay en mi casa. Me vuelvo a acercar a su oído y le digo: —Vístete y sal al pasillo rápido, que necesito irme. Él asiente y yo retiro la mano de su boca. Salgo disparada de esa habitación. Dios, qué asco estar cerca de esa mujer. Cuando él sale, solo lo hace en boxer. Yo volteo los ojos. Pues le dije que se vistiera. —Supongo que para ti eso es vestirse, ¿cierto? —Déjate de rodeos. Tengo sueño, ¿qué pasa? Yo señalo la habitación de mis padres y él ve las maletas afuera de ella. Abre los ojos sorprendido. —¿Qué ha pasado? —Ahora mismo no tengo tiempo de explicarte bien. Resumido, se supone que mi padre tiene una mujer que está embarazada y, al parecer, mi madre ha decidido correrlo de la casa. El problema es que yo me tengo que ir en estos momentos y no puedo estar con mamá, y por lo que veo, tú tampoco, pues tu novia aquí está. ¿Acaso no tienes dinero para un motel? Él me ve molesto, pero no me importa. —Es mi novia, con la que me voy a casar. No la voy a llevar a un motel como si fuera solo una mujer con la que tengo un polvo. Hablo entre dientes, pero sé que me escucha. —Pues lo preferiría. —¿Qué dijiste? —Nada, ahora no me voy a pelear contigo por tu estúpida novia. Lo que necesito es que estés con mamá. Pero antes, saca a tu novia de aquí. No quiero que toda la sociedad se entere de los cuernos que le ponen a mi madre. ¿Entendiste? Así que ve a levantarla y llévala a su casa, Maty. Haz las cosas bien, por favor. Él suspira y solo voltea los ojos como si le fastidiara. Yo comienzo a caminar hacia la salida de la casa, pues ya se me ha hecho tarde. Pero escucho que me dice: —No soy un idiota. Sé cómo hacer las cosas. —Sí, cómo no. Como todo hombre, piensas con la cabeza de abajo. Yo suspiro y me subo a mi coche. Es casi la hora en que el padre de mi jefe me ha citado, y todavía no tengo idea para qué me necesita. Pero no me gusta la urgencia que tiene.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD