Nina Camino hacia el elevador y, cuando estoy a punto de llegar, suena mi teléfono. De inmediato, lo saco; es un mensaje de mi padre. Yo solo volteo los ojos y suspiro. Cuando lo abro, solo dice: “Te quiero en mi oficina en la tarde. Necesitamos hablar." Vaya que este hombre ni siquiera te pregunta cómo estás. Pero, ¿qué te puedes esperar de un hombre como él? Cuando llego al piso de la oficina de Noah, salgo del elevador, camino con paso lento y con una sonrisa en mi rostro, pues jamás pensé encontrarme con una escena así. Creo que me recuerda a mis viejos tiempos. —Escúchame, estúpida, quiero que le hables a Noah en este momento y le digas que estoy aquí. No me importa lo que esté haciendo, ¡muévete! La secretaria solo suspira y niega, pues me imagino que ya debe de estar cansada de l

