Nina Salgo de la oficina con la cabeza hecha un lío, sin saber qué ha pasado realmente. Son tantas preguntas las que están en mi cabeza: ¿por qué me besó? ¿Y por qué respondí al beso? ¿Qué fueron esas cosquillas que sentí en mi estómago? Mierda, soy una estúpida. Voy caminando por el estacionamiento cuando choco con alguien. De inmediato levanto mi rostro y me disculpo, pero ¿qué diablos hace aquí? —Perdón, Henry. ¿Qué haces aquí? Pensé que te habías ido hace horas. Él sonríe y se cruza de brazos. La verdad es que hay que aceptar que el chico es muy guapo. —Pareciera que no te da gusto verme. —No, lo siento. Es que tengo tantas cosas en mi cabeza. Pero aún no respondes mi pregunta. Él se acerca y besa mi mejilla, pasa sus brazos por mis hombros y me empieza a guiar hacia fuera de la

