Cuando cerró la puerta de su oficina, las lágrimas corrieron por su rostro. La noticia que le acababa de dar Yasir dolía más que la bofetada que le había dado Gissel. Sentía como si una parte de su corazón fuera arreglado del pecho. Estaba tan sereno, tan calmado que se lo dijo como si estuvieran hablando de negocios y para ella fue como la tierra se abriera y la llevara al fondo. La vida era a veces tan injusta. Trató de sobreponerse pero no pudo, tal vez lo mejor era salir de ahí. Enseguida perdió a Dimitri para que la esperara en la entrada. Ni si quiera iba a recoger nada. Lo mejor era ir a casa y llorar con tranquilidad. Iban ya en camino cuando Dimitri frunció el ceño mientras miraba por el retrovisor. ¿Tiene usted usted bien señora Alessa ?. No, lo estoy. El imbécil de tu jefe a

