Después de confesarle quién era yo y quién era mi hermana, Liliana suspiró con cansancio y alejó la mirada con frustración. —Vaya perra, veo que abandonó incluso a su hermana. No respondí, yo no quería juzgar a Kamille, solo quería olvidarla y rehacer mi vida. —Seguro ya lo sabes, pero, aunque el dueño te diera 5 años, tú no podrías pagar esos 3 millones. Son dólares. No iba a rendirme. —Aun así, pienso intentarlo... Negó energéticamente. —No podrás, y no tienes el tiempo. Mejor quédate en Body Shop y averigua dónde se esconde tu hermana. Me senté en el suelo. Me ardía la mejilla. —¿Averiguarlo? ¿Cómo podría hacerlo? Ella se fue, no dejó ninguna pista de donde... —El señor Daniels. Este burdel es mayoritariamente suyo. ¿Crees que viene aquí solamente por mujeres? Él no nece

