La mayoría de los asistentes masculinos, se empezaron a mirar disimuladamente y a ponerse nerviosos, algunos tomaban agua, otros trataban de arreglarse la corbata y los que estaban acompañados de sus esposas, trataban de no mirarlas. Todos se preguntaban mentalmente si los reconocerían, ellos nunca la vieron en el Club, pero todos sabían quién era. La Señora Grinsort, que era accionista y también había asistido para apoyar a Samanta, no pudo evitar quedarse callada. —Disculpen, como se atreve a decir eso, cualquiera podría interpretar que mi esposo y ustedes se conocen. —Pero nos conocemos, desde hace años. Claro está que su esposo hablaba más con mi hermano y estaba por llegar a un acuerdo, creo que era un tipo de sociedad. —Es una calumnia. —No señora, yo me destaco por mi buena m

