Alicia observaba como su hijo dormía plácidamente, en su cabeza se repetía que lo único que tenía que hacer, era velar por él, sin importar su posibilidad de ser feliz junto al hombre que amaba. Beso su frente con ternura, al cerrar delicadamente la puerta, David la estaba esperando apoyado contra la pared. —¿Me estás vigilando? —Tenemos una conversación pendiente—dijo él acercándose a Alicia. —Estoy cansada—respondió mientras se dirigía a su habitación, pero al tratar de cerrar la puerta, David la detuvo. —No pienses que puedes huir, es necesario que hablemos. —Esto fue un error, el vivir aquí juntos, el suponer que los dos estaríamos a salvo por trabajar juntos, o por anunciar que estamos comprometidos, pero… —Si quieres dar por terminado nuestro acuerdo, perfecto, hablemos y deje

