Con el paso de los días los pensamientos fatídicos se aferran cada vez más al núcleo de mi existencia dejándome echa un ovillo sobre la cama. Marco volvería a la mansión en cuestión de horas y todavía no había conseguido escabullirme como planifiqué durante tanto tiempo. El ciclo estaba cerrado y mi presencia aquí ya no era necesaria. Vivir con el constante miedo de que Paolo cumpliera con sus amenazas, o que los prestamistas me enviasen la cabeza de Jhan en una caja, no eran opciones que estuviese dispuesta a barajar. Juntaré todo el valor necesario para marcharme y no mirar atrás si de ello depende la vida de quienes me rodean. La boda de Jhan será en tan solo unos días y mi corazón roto no toleraría ser partícipe de todo aquello, menos, después de haber soñado con nuestra viña, con

