No importa cuántas veces mire en la dirección por donde Marco se marchó, su silueta sigue sin aparecer y mis nervios están a punto de estallar. Como una bomba a la que le queda poco tiempo, muevo mi pierna compulsivamente para liberar toda la tensión que tengo. ¿Dónde habrá ido? Siempre que lo necesito desaparece, es como si le encantara ponerme en situaciones incómodas y luego hacer ese conocido truco de magia. No hay galera de donde pueda sacar la tranquilidad y entereza que necesito para manejar los jueguitos que Niva le monta a Jhan, sin Marco estoy en clara desventaja.
— Voy a buscar más queso para los nachos— finjo una falsa sonrisita mientras junto los bowls para llevar conmigo a la cocina. Niva aprovecha el pequeño alto en la película para besar el cuello de su novio, para morderlo; lejos de poder disimular, le dedico a él una mirada asesina que bien podría haber derribado toda esta mansión. El juego entre nosotros ya había terminado, ahora sí me estaba cabreando. Y mucho.
Noto que sus facciones cambian e intenta sutilmente parar las demostraciones de afecto de su pareja, sin embargo ella insiste sin darse por enterada de toda la m***da que la rodea. Por eso decido que lo mejor es retirarme y luego buscar a mi esposo, para que me explique por qué me obligó a acompañarlo si luego iba a abandonarme así.
Rumbo a la cocina murmuro por lo bajo '¿Cuánto tiempo aguantaré ? ¿Cuánto?'. Deposito las cosas que cargo en la lustrosa mesada de mármol, agradeciendo que la cocina estuviese al fin libre del personal. Tener intimidad me sienta de maravilla, más, cuando tengo la cabeza hecha un revoltijo y el humor igual de cambiante que el clima.
Apoyo las manos sobre la superficie fría con los brazos sosteniendo el peso de mi cuerpo; no quiero pensar con detenimiento en todo lo que estaba sucediendo. Hacerlo significaría tener que tomar una decisión... consciente de ello, prefiero negarme a lo inevitable y dejarme llevar por el momento una p**a vez en la vida. De lo contrario terminaría escogiendo lo mejor para todos aunque eso significase sacrificarme.
—¿Encontraste el queso?— su voz hace que un escalofrío me recorra la columna.
— No te aparezcas así de la nada— lo reto poniendo una mano donde supongo está mi corazón.
— ¿Temías que fuera tu amado esposo?— se acerca levantando su barbilla en modo acusatorio.
Chisto por lo bajo mientras lo empujo — Temo que mi cabeza aparezca dentro de una caja— hablo sin pensar. Si había un tema que realmente no debía sacar con Jhan, era este.
Agarra mi muñeca para manipularme— Él te pone en riesgo y tu sigues de tonta detrás de sus pantalones— su ceño marca su enorme descontento— Si no lo amas ¿Por qué carajos dejas que te enrede en sus problemas laborales?
Me quedo suspendida en sus preguntas, tratando de entender lo que Marco le había dicho a su hermano en lugar de la verdad.
— Eso es algo que no te compete. De hecho no deberías estar aquí, es demasiado peligroso— intento sonar tajante para dejar atrás el dichoso asunto, pero conociendo a Jhan como lo hago, eso sería imposible.
— Para herirlo van a llegar hasta ti. ¿Y todo por qué? ¿Por una tonta venganza?— elude mis advertencias.
'Venganza...' no sé cómo responder sin comprometer la información que Marco le brindó y que todavía no comprendo.
— No debes preocuparte, Marco sabe cómo protegerme— La risa amarga que brota de sus labios me hace sentir culpable, desearía no tener que mentirle.
— Yo puedo cuidarte— se para muy cerca mío tomando mis manos entre las suyas— Puedo hacerlo mucho mejor que él.
Su aliento rebota sobre mis labios haciendo que lo desee en manera desmedida, no obstante de todos los sitios éste es el más concurrido. Por lo que me alejo instintivamente al otro extremo suyo —Tú ya tienes a quien cuidar, de hecho te tiene algo muy especial preparado para esta noche— lo rodeo y me escabullo fuera de allí, rogando por que no me siguiese. Ahora más que nunca necesitaba hablar con Marco.
Subo la escalera con el corazón palpitándome a mil por hora, anticipándose al fuerte cruce de palabras que tendríamos. Últimamente el gran señor estaba demasiado extraño, muy impredecible para mi gusto o mi propio bien.
Abro la puerta con suavidad solo para encontrarlo parado frente al hermoso ventanal, con una mano dentro de su impecable pantalón de vestir — No volviste— mi voz surca la distancia que nos separa instalándose entre los dos.
—Déjame solo— responde sin tener la decencia de al menos voltearse.
Avanzo hasta quedar a su lado y tiro de él para así conseguir que me mire — Me obligaste a convivir con la hueca de Nirvana por negocios tuyos ¿y luego te marchas así de la nada?— lo digo sabiendo que eso no fue lo que realmente me molestó.
— ¿Desde cuándo debo darte explicaciones Nissa?— su tono es tranquilo, melodioso. Como si hubiera perdido las fuerzas que requería para atacarme como le apetecía.
Respiro hondo para aguantar las ganas que siento de descargar mi furia sobre él — ¿Sucede algo?
El brillo que hace un rato había vislumbrado en sus ojos ahora había desaparecido, dándole lugar a una obscura sombra que se extendía cada segundo un poco más.
— Nada que a ti te incumba— suelta fijando su atención en un punto lejano, obviando con todo su ser mi presencia.
De repente la habitación era demasiado pequeña para los dos y podía sentir como su poder comenzaba a asfixiarme lentamente. Doy unos pasos lejos suyo antes de pronunciar lo que traigo atorado en la garganta— Quisiera saber cuál fue la versión que le diste a Jhan sobre la amenaza que recibí. Con el único propósito de no contradecirte sin saberlo.
El silencio carcome la poca paciencia que me queda, provocándome una insistente desesperación...
— La ex pareja de una clienta mía, me busca para vengarse por haberle arrebatado todos sus bienes, dejando que se pudra en la miseria. Le dije que era un tipo peligroso, pero que encontraría la manera de controlarlo.
No hay forma de negar la inteligencia aguda que este hombre posee, la habilidad, cual araña, para entretejer los hilos intrincados de su grandioso imperio.
—Gracias— me arde el orgullo con tan solo decirlo y más aún al no recibir ninguna respuesta por su parte.
Al ver que no está en sus planes continuar con la conversación, doy por terminada nuestra pequeña reunión dirigiéndome a la puerta —Aguarda— me frena su orden. Cuando giro descubro que aún sigue dándome la espalda, ubicado exactamente en el mismo lugar.
— No vuelvas a tocarme— la dureza de sus palabras me atraviesa cual filosa daga — Ahora puedes largarte.