Con Nirvana y Jhan fuera de la mansión, la soledad me absorbe por completo. Toco el piano para pasar el rato, camino por el jardín, leo un libro de poesía bajo la glorieta. Suspiro fastidiosa, quiero huir de esta jaula de oro en la que estoy prisionera. Me siento un pajarillo al que le quitaron la libertad, al que le cortaron las alas de una forma rotunda y dolorosa. Nací para volar y sin embargo heme aquí arrastrándome más que los propios gusanos.
Cierro el libro con un movimiento seco, la poesía tiene el efecto de desarmarme y dejar expuestas las partes más primitivas de mis sentimientos, de mis pensamientos. Hace que cada célula de mi piel desee a Jhan y que el dolor de su ausencia me carcoma la paciencia. ¿Qué diablos estará haciendo en este momento?
Subo casi instintivamente el volumen de la música, que estalla en mis oídos envolviéndome con su melancolía. Let me down slowly- Honeyfox, lost, Pop Mage... una canción que podría describir mi situación sin esfuerzo. Amo escucharla, sentir que floto hacia la nada, hacia el mismísimo vacío en el que me encuentro. Los minutos siguen pasando sin mi permiso.
Quedo suspendida mientras la noche me abraza con su oscuridad y el frío besa unas lágrimas que tanto me esforcé por retener.
'¿Qué voy a hacer?'
No, no, no. Prometí dejarme llevar, no calcular todo como lo hice en el pasado. De todas formas las cosas habían salido terriblemente mal... ¿Será que ahora podrían ser aún peor?.
La mesa está impecablemente servida, con sus centros florales y las preciosas velas que huelen a coco y vainilla. Los cubiertos de plata relucen más que nunca, tanto, que casi puedo ver mi reflejo en ellos.
Tengo la vista fija en el plato que sirvieron frente a mí, sé que será delicioso con tan solo el aroma que desprende. El colorido montaje de verduras y pasta desentona con el silencio que invade la sala. Demasiado hermoso para una ocasión como esta.
Perdí la cuenta de la cantidad de veces que anhelé cenar con la paz que la soledad me brindaba, sin embargo hoy... hoy no hubiera imaginado terminar el día de esta manera.
Cojo una pequeña porción obligándome a mantener mi boca ocupada, mirando lo innecesariamente grande que era la mesa.
Un poco de vino y las manos de Jhan aparecieron como un holograma perfectamente logrado...
El vino era sinónimo de su trabajo, de nuestra distancia; recordarlo se me hacía demasiado fácil en estas circunstancias.
Guardé un suspiro al recordar esas mismas manos recorriendo mi piel, haciéndome delirar de placer.
'¿Por qué Jhan? ¿ Por qué me vuelves loca?'
Debería poder controlarme, mantener el lugar que yo misma me busqué y sin embargo aquí estoy, encontrando cualquier excusa para traerte de nuevo, para tenerte de nuevo.
Aparto el tenedor a un costado como si me quemara en las manos, apoyando el rostro sobre mis palmas para terminar sacudiendo la cabeza. Quiero gritar, jalar el mantel para que toda la cristalería termine por estrellarse en el suelo. No obstante mantengo mi compostura y me retiro dignamente hacia la habitación de Marco, sin tener la certeza de si podré dormir allí esta noche.
Entro casi en puntitas de pie pensando encontrarlo ya entrado en sueños, o en el peor de los casos, a medio vestir. Pero me llevo una enorme sorpresa al descubrir que la alcoba se encuentra tan vacía como lo estaba la sala.
Frunzo el ceño con completo fastidio ¿Dónde se habían metido todos? ¿Acaso era la única idiota que permanecía en esta casa?
Los labios convertidos en una fina línea, auguran el sinfín de sensaciones que se apoderan de mi humor.
Después de la manera descortés en la que me habló por la tarde, no debería sorprenderme el hecho de que se largara como los demás. No obstante eso no calma la molestia que se enrolla en mi estómago, haciéndome retractarme de no haber devorado en su totalidad la deliciosa pasta.
Cruzo mis brazos imitando los berrinches de Nirvana, sintiéndome impotente desde la cabeza hasta las puntas de los pies.
'No necesito de nadie' afirmo mientras termino de ponerme el suave y cómodo pijama. Luego, el cansancio de todo lo que había sucedido en un solo día, se posó sobre mis párpados consiguiendo que lentamente se cerraran.
Un ruido en la puerta y el celular de Marco vibrando sin parar, me alejan de mi reciente descanso. Había perdido la noción de cuántas horas habían pasado, sin embargo estoy más que segura de que es muy tarde. Hasta para el mismo Marcos.
Camina intentando mantener la compostura, pero lo conozco lo suficiente para saber que está pasado de copas. Enciende a tientas la luz alta por error, consiguiendo que mis ojos ardan ante el contacto.
— Si te das cuenta la hora que es ¿No?— reclamo deseosa de pelear. Aún no le perdonaba lo sucedido.
Se gira en mi dirección y me amenaza con esa mirada asesina suya, que ni siquiera en este estado puede evitar. Busca en su bolsillo el encendedor y prende un cigarrillo, mientras lo miro estupefacta de arriba a abajo.
—Suelta eso—le ordeno esta vez yo, luego de darle un manotazo arrebatando las cosas de sus manos.
—Estas haciendo que pierda la paciencia— sus ojos se aprietan con fuerza para así contenerse.
—Sabes que no soporto el humo, el olor a cigarrillo... sabes que no soy capaz de tolerarlo.
Ese fatídico día que había marcado un antes y un después en mi vida entera, estaba teñido con ese olor nauseabundo, con ese humo que cubrió cada parte de mi cuerpo ahogándolo junto con toda mi alegría.
—Vete a dormir— indica tras recapacitar sobre lo que había hecho.
Comienza a desabotonar su camisa con demasiada torpeza, permitiendo que note los manchones de labial que destellan airosos en su cuello.
— No sé para qué quieres que finjamos ante tu hermano y Nirvana si te andas exhibiendo de esta manera por la casa.
Mis palabras logran enfurecerlo de tal manera, que se acerca hasta mí como una bestia fuera de sí.
Su camisa ahora abierta, deja al descubierto su torso tallado a mano, haciendo que me sienta todavía más incómoda.
—¿Estás cuestionándome?— posa su mano derecha sobre la pared dejándome encerrada.
Correr sería la opción más sensata, sin embargo abro mi bocota para encender más la discordia—Estoy remarcando lo obvio. ¿Para qué esforzarme en mantener la farsa con tu familia si tú mismo te encargas de destruirla?
Su risita hace que su aliento rebote sobre mis labios —Aprende a meterte únicamente en lo que debes. Yo sé muy bien lo que hago.
—Lo haré—replico insensatamente— Si puedes revolcarte a la vista de todos con cuanta mujer se te apetece, entonces haré lo mismo. Pero no se preocupe señor.. yo si me encargaré de hacerlo con suma discreción— cuando termino de lanzarle todo mi veneno, las imágenes de Jhan haciéndome el amor, provocan una culposa punzada en mi pecho. En realidad no era solo una amenaza, era algo que había sucedido y frente a sus narices. Solo que él no lo sabía.
Sus facciones se vuelven duras, animales, fuera de control— Tú no puedes, no— su voz hace que me quiera esconder bajo una piedra— No me harás quedar como un idiota frente a todo el mundo. Era parte del trato y lo aceptaste.
—Lo siento si te hiere el orgullo de macho alfa del que tanto te jactas, pero deberás entender que yo también tengo derechos y ya estoy harta de esta m***da.
—¿Ahora sí quieres coger?— entiendo hacia dónde apunta, qué intenta recordarme— Entonces te daré el placer— su cuerpo se estrecha contra el mío, a la vez que sus labios se apoderan de mi boca.
Nunca antes había osado comportarse de esta manera, nunca antes había rebasado tan descaradamente nuestros límites.
Sus labios demandantes no me permiten respirar, su mano en mi cuello me tiene inmovilizada bajo su presión. Consigo morderlo luchando por soltarme, empujando con todas mis fuerzas su cuerpo de acero sólido, pero parece no importarle.
Marco siempre fue un hombre de mucho carácter pero físicamente había sido muy delicado conmigo, muy protector, suave.
Esto es completamente nuevo para mí. La forma es la que su lengua busca la mía, en la que su mano aprieta mi cuello...
—Para, por favor— alcanzo a susurrar cuando mi cuerpo comienza a temblar con desenfreno. Aunque me fuerce a mantener la compostura frente a él, sé que no puedo evitar el pánico que me inunda— Por favor— vuelvo a repetir mientras Marco se aleja como si mi cercanía lo asqueara.