Juan Andrés tensó todos los músculos de su cuerpo, la mirada se le volvió turbia, abría y cerraba los puños. —Imagino que por dinero —masculló arrastrando las palabras, observando a Paula con absoluta frialdad. —Yo te lo puedo explicar todo —intervino María Paz. Juan Andrés resopló, y bufó con cinismo. —No es necesario madre —musitó, los labios le temblaban—, te conozco, imagino que tú orquestaste todo esto. —Señaló con sus manos el lugar, y luego volvió a fijar su mirada llena de seriedad en Paula—, y tú… —Yo recogeré mis cosas y volveré al lugar al cual nunca debí salir —expresó Paula intentando mostrarse serena, pero lo cierto era que por dentro tenía el corazón roto, y el rostro lleno de lágrimas—. Fue un gran error, señora. —Miró a María Paz—, él nunca va a cambiar. María

