El beso se extendió, Vanesa pudo seguir el ritmo de. Anthuam, él quería más, así que se separó un poco de ella para ver su rostro, identificar si estaba cómoda, y si quería más. En efecto Vanesa transpiraba deseo, su respiración estaba agitada, sus pupilas dilatadas y su mirada pedía más. Pero había un gran detalle, el estaba convaleciente, tenía el brazo y pierna derecha enyesados, a parte de muchas escoriaciones en su cuerpo que al rozar dolían, pero el deseo de sentir a Vanesa lo cegó, con su brazo izquierdo la tomó haciéndola quedar sobre él, sus partes se rozaron por primera, por encima de sus ropas Aunque Vanesa sintió una sensación agradable, un recuerdo nubló su mente, y ese deseo de continuar experimentando algo tan íntimo y placentero se esfumó. —¡Espera, espera, no me siento

