Azrael tenía visión nocturna, una de las ventajas del tipo de cosa que era, y la oscuridad no era oscuridad para él sino una escala diferente de la misma luz. Lo que veía era la línea de la espalda de Dalia, la piel que ella había tocado tantas veces durante semanas de ungüentos y vendajes aplicados sobre él, pero que nunca había visto así. Sin el contexto médico entre los dos. Sin la distancia práctica de quien cura y quien es curado. Solo ella, de pie frente a su armario, hablando de camisas y camas más grandes mientras se quitaba el vestido. Respondió. —Sí. Necesitamos varias cosas. —La voz le salió razonablemente normal—. Además de ropa. Ya me encargaré de eso. No te preocupes, ya sé cómo conseguir dinero. El vestido estaba doblado en la silla. Dalia había pasado a buscar algo en el

