Capítulo 11

1202 Words
—Sí, gerente. Nunca hemos visto a una nueva empleada como ella. No solo nos golpeó, sino que incluso intentó mutilarnos las manos. Somos las artistas de la empresa. Si nuestras manos quedan inutilizadas, ¿cómo trabajaremos? ¡Quiere arruinar todo el departamento de diseño! Las chicas que hacía un momento estaban en el suelo se pusieron de pie y corrieron a quejarse ante el gerente. Sus voces eran estridentes y sus expresiones, descaradas. Aquello hizo que Camila pensara que la aparición del gerente en ese instante no era ninguna coincidencia. Quizá también formaba parte del plan de Pamela. Efectivamente, el gerente no hizo ninguna pregunta y comenzó a reprender a Camila: —¿Eres la nueva empleada? ¿Qué te pasa? Has causado tantos problemas en tu primer día de trabajo. ¿Cómo te atreves? ¡Todos los colegas del departamento han resultado heridos! Era justo lo que Camila esperaba, así que no se asustó. Pamela había planeado el siguiente paso, pero Camila también tenía el suyo. Camila miró el teléfono sobre el escritorio y se burló: —Después de que ocurre algo así, lo primero debería ser preguntar qué pasó, ¿no cree? —No necesito preguntar. ¡Confío en lo que vi con mis propios ojos! Te vi golpear a todos tus compañeros del departamento e intentar romperles los dedos. —¿Ah, sí? Entonces revise si sus dedos siguen intactos. En cuanto a la pelea, solo me estaba defendiendo. No puede considerarme la villana solo porque soy más fuerte que ellas, ¿verdad? —¡Disparates! —El gerente se arremangó con enojo—. ¿No lo vas a admitir? Muy bien. Como gerente de este departamento, ¡tengo que darles una lección seria a los nuevos empleados! Traigan la pizarra. Tú —señaló a Camila—, párate en la entrada del comedor de la empresa con el cartel de “vergüenza” y muéstrales a todos lo que has hecho. El director de ese departamento no distinguía el bien del mal. —Está decidido a culparme antes siquiera de hacer una pregunta. ¿Así es como esta empresa resuelve los problemas? —Camila odiaba aquella sensación de injusticia. —Soy el gerente de este departamento. ¿Acaso una empleada nueva está en posición de cuestionar mi forma de hacer las cosas? —se burló el gerente. Luego giró la cabeza y ayudó a Pamela a levantarse del suelo con fingida cortesía. Tras escuchar la orden del gerente, las mujeres se acercaron rápidamente con el cartel. Camila leyó el contenido: “Golpeé a alguien. Soy una nueva empleada desvergonzada. ¡Por favor, búrlense de mí!” No pudo evitar soltar una risa fría. La dureza en sus ojos hizo que aquellas mujeres dudaran antes de acercarse. —¿Qué están esperando? ¿No escucharon la orden del gerente? —Pamela había recuperado su arrogancia. Al ver lo coludidos que estaban, Camila se enfureció aún más. —Gerente, trabajaremos juntos en el futuro. Le aconsejo que averigüe quién soy antes de hacer algo. De lo contrario, podría resultarle difícil llevarse bien conmigo. —¡No me importa quién seas! En mi departamento no favorezco a nadie —dijo con falsa rectitud, aunque su expresión desmentía sus palabras. —¿En serio? ¿Y si soy la esposa del señor Montalbán, de la familia Montalbán? ¿Está seguro de que quiere avergonzar en público a la esposa de esa familia? No tengo muchos defectos, salvo mi mal genio. Si me ofende, me vengaré. Y aunque yo no pueda hacerlo, estoy segura de que mi esposo sí podrá. En Chicago, nadie se atreve a provocarlo. —¡Ja, ja! —El gerente, que desconocía la relación entre Camila y Gabriel Montalbán, estalló en carcajadas—. Estás loca. ¿El Joven Maestro de la familia Montalbán es tu esposo? Entonces, quizá Dios sea tu padre. Basta de tonterías. Toma el cartel y ve ahora mismo a la puerta de la cantina. Y si te resistes, átenle las manos. Camila soltó una risita y dio un paso al frente para tomar el cartel ella misma. —Está bien. Es su elección. Al ver que Camila ya no se resistía, las mujeres se apresuraron a empujarla fuera de la oficina. Cuando llegó a la puerta, Camila se detuvo. Se volvió para mirar al gerente, que estaba halagando a Pamela, y dijo: —Gerente, es posible que no vuelva. Ahora puede ordenarme que lleve este cartel a la cantina, pero me temo que después le resultará difícil pedirme que regrese. —¡Ja! Nunca me arrepentiré. Te ahogarán los insultos de todos los empleados de esta empresa —respondió el gerente con los ojos entrecerrados. Pamela se acercó a él. Pamela se plantó frente a Camila con una sonrisa maliciosa. —Camila, esta fue tu elección. Yo solo quería mutilarte una mano. Pero como no aceptaste, ahora tendrás que avergonzarte delante de todos los empleados. Camila arqueó las cejas. —Dios lo ve todo, Pamela. Él te juzgará. No te sentirás orgullosa por mucho tiempo. —Ja. Te haces la fuerte, pero… —Pamela bajó la voz de repente— si no tuvieras a mi hermano como respaldo, ¿seguirías siendo tan arrogante? Mi hermano es el Joven Maestro de la familia Montalbán, y esta empresa también nos pertenece. Si se entera de que su esposa ha hecho algo que avergüenza a nuestra familia, ¿crees que seguirá queriendo a alguien como tú? —rió con desprecio. Pamela se rió con arrogancia, pero Camila no perdió la compostura. —Ya que dices conocer tan bien a los hombres, deberías cuidarte. Claro, a Mauricio le preocupan mucho este tipo de cosas. Pero tu hermano… ¿realmente lo conoces? Adivina a quién apoyará él. Camila se echó a reír mientras la empujaban hacia afuera. Al ver su figura alejarse, Pamela no pudo evitar apretar los puños. Odiaba la valentía de Camila. Parecía que, pasara lo que pasara, nada podía destruirla. Pamela se había sentido muy orgullosa cuando consiguió a Mauricio. Al principio pensó que Camila lloraría desconsoladamente, que se arrodillaría ante ella y le rogaría que le devolviera a Mauricio. Pero al final, Camila no hizo nada de eso. No solo no se arrodilló para suplicar, sino que además se convirtió en la esposa de Gabriel Montalbán durante la fiesta, arruinó la propuesta de Mauricio y la convirtió a ella en el hazmerreír de todo el banquete. ¿Por qué? Su padre era un hombre excelente, pero a ella la habían etiquetado como hija ilegítima y, desde que nació, no había podido regresar a aquella familia acomodada. Camila, en cambio, era completamente diferente. Creció en una familia rica y disfrutó de una vida privilegiada. Con mucho esfuerzo, Pamela finalmente utilizó a Mauricio para destruir todo lo que pertenecía a Camila y logró regresar con éxito a la familia Montalbán. En ese momento, sus posiciones parecían haberse invertido. Pero entonces, ¿por qué Camila seguía mostrándose tan orgullosa frente a ella, como un pavo real que jamás inclina la cabeza? ¡Era insoportable! ¡Camila era detestable! Ese era el territorio de Pamela y de la familia Montalbán. ¡Allí, sin duda, derrotaría a Camila!
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