Capítulo 18

1121 Words
Sin embargo, Camila tenía razón. La expresión de Pamela lo decía todo. Las palabras de Camila habían herido profundamente a Pamela. Lo que más le dolía era recordar que la capacidad de Mauricio era, en realidad, decepcionante. —¡Cállate, descarada! Nunca estuviste con Mauricio, ¿cómo te atreves a juzgarlo? Lo que yo disfrutaba cada noche era lo que tú deseabas durante años, ¿verdad? Camila se irguió y respondió con firmeza: —Cuando un hombre y una mujer se aman y luego están juntos, eso se llama amor. Pero si se invierte el orden… entonces es solo un trato. Así que no puedo decir que deseara estar con Mauricio. No vale la pena sufrir por alguien como él. —¡Solo no quieres admitir que te dolió! —resopló Pamela—. Camila, mírate. Ese vestido debe de ser viejo; recuerdo que ya lo habías usado antes. Eres la esposa de mi hermano, ¿no? ¿Por qué no te ha comprado ropa nueva? Parece que no eres tan importante para él. Mira mi coche: cuesta casi un millón de dólares. ¡Fue un regalo de Mauricio! Aunque gastar dinero no significa amar, si ni siquiera quieren invertir en ti, entonces definitivamente no te aman. —¡Ja! —Camila soltó una risa sarcástica—. Pamela, si intentas provocarme por vanidad, no deberías hablar de dinero. Sabes perfectamente que todo lo que tiene Mauricio lo consiguió gracias a mí… y de maneras nada limpias. En el peor de los casos, ese coche es solo el “pago” por los cinco años que vivió a mi lado. En ese momento, Camila se volvió seria. No se arrepentía de haber dejado a Mauricio, quien la traicionó sin remordimientos. Lo que lamentaba era haberle entregado tantos años de devoción… e incluso la compañía que debía haber dedicado a su madre. —¡Tú…! —Pamela no encontró palabras para refutarla y, furiosa, intentó abofetearla. Pero Camila fue más rápida. Sujetó su muñeca con firmeza, impidiéndole moverse. —¡Camila, suéltame! ¡Desvergonzada! Si mi hermano es tan bueno contigo, ¿por qué sigues intentando seducir a Mauricio? —¿Seducir a Mauricio? ¡Pamela, estás loca! —Camila apartó su mano con brusquedad. —¡No te hagas la inocente! Sé lo que has estado haciendo a escondidas. Le envías mensajes todos los días, ¿verdad? Le dices que aún lo amas, que no puedes vivir sin él. ¡Incluso le dijiste que te casaste con mi hermano para vengarte! Eres una mujer sin límites. ¡Bah! A Mauricio no le interesaría alguien como tú, y mucho menos a mi hermano. Para Camila, aquellas acusaciones eran absurdas. Nunca había enviado tales mensajes a Mauricio. Si alguna vez volvía a contactarlo, sería únicamente para exigirle que le devolviera lo que le pertenecía. No tenía tiempo ni interés en juegos tan ridículos. —Camila, sabía que usaste trucos sucios para casarte con mi hermano. ¡Pero no esperes que te ame! Eres una mujer divorciada, con un pasado promiscuo e incluso con un hijo. ¡Ningún hombre podría amarte! Vine hoy para recordarte quién eres. No le envíes más mensajes a Mauricio ni lo llames otra vez. ¡Me enfermaba escuchar su teléfono sonar! Ahora no tienes nada. ¿Por qué no regresas a tu pequeño apartamento de alquiler y desapareces de nuestras vidas para siempre? Camila pensó que las palabras de Pamela eran absurdas. Ella no había enviado ningún mensaje ni llamado a Mauricio, así que ¿de dónde salían esas supuestas llamadas y mensajes? —Pamela, ¿estás segura de que leíste esos mensajes y escuchaste esas llamadas? Si es así, me temo que Mauricio lo montó todo por su cuenta. En cuanto a sus motivos, no tengo idea. Pero yo no me he puesto en contacto con él. Desde que rompiste mi teléfono aquel día, tuve que comprar uno nuevo, y durante un tiempo ni siquiera tuve número. Así que piensa mejor por qué Mauricio hizo todo eso. ¿Acaso quiere volver conmigo? Parece que la que no es tan importante para él eres tú. Camila sonrió con ironía. Pamela frunció el ceño, sorprendida, y la duda comenzó a instalarse en su mente. Aunque solía confiar ciegamente en Mauricio, también recordaba que los números de los mensajes no coincidían con el antiguo número de Camila. Sin embargo, pensó que quizá Camila estaba usando otro número para ocultarse, sobre todo después de que ella misma le destrozara el teléfono. Lo que más la inquietaba era que, cada vez que ese número llamaba, Mauricio afirmaba que era Camila… pero cuando Pamela intentaba contestar para enfrentarla, él siempre rechazaba la llamada primero. Si realmente era Camila, ¿por qué Mauricio no la reprendía delante de ella? Las dudas comenzaron a multiplicarse y Pamela se sintió nerviosa. Pero al ver la expresión segura de Camila, decidió no mostrar debilidad. —Camila, no intentes sembrar discordia. Yo siempre confiaré en Mauricio. ¡La mentirosa has sido tú desde el principio! Tal vez también engañaste a mi hermano de la misma manera. Pero él es inteligente; no podrás manipularlo por mucho tiempo. He guardado todos esos mensajes y el registro de llamadas. ¡Se los enviaré a mi hermano para que vea lo desvergonzada que eres! Camila sintió que estaba arrojando perlas a los cerdos y ya no quiso seguir discutiendo con Pamela. Agitó la mano con indiferencia y dijo: —Díselo a tu hermano ahora mismo si quieres. ¿De verdad crees que le supliqué que se casara conmigo o que lo engañé con algún truco barato? ¿Cómo podría él, el distinguido hijo de la familia Montalbán, conocido en todo Chicago, caer en mis “pequeñas artimañas”? Se casó conmigo porque me amaba. ¡Quería estar conmigo! Hizo una pausa y la miró con frialdad. —No te sientas orgullosa por arrebatarle el hombre a otra mujer solo para alimentar tu orgullo. Al final, cada mujer es diferente. Ser una mujer segura de sí misma y esperar a su verdadero amor también puede hacerte feliz, ¿no crees? —¡Camila! ¿Autohumillación? ¡Soy la hija de la familia Montalbán! ¿Cómo no voy a tener confianza? ¡Maldita sea, te voy a dar una lección por tus tonterías! Pero esta vez Camila no reaccionó de forma pasiva. Al contrario, se adelantó y empujó a Pamela al suelo. La miró con frialdad y alzó ligeramente el mentón. —¿Tu madre, que prefirió convertirse en amante y destruir un hogar, no te enseñó a respetar a tu cuñada? Pamela, recuerda bien esto: desde que me casé con tu hermano, Gabriel Montalbán, me convertí en alguien a quien no puedes ofender.
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