Una semana pasó desde el incidente con su destinado y el celo de Peter llegó sin demora dejándolo tumbado en su cama jadeante y acalorado como nunca. Al parecer la aparición del lazo en su muñeca empeoraba sus síntomas y más en las noches que ardía en fiebre sin oportunidad a aliviarse un poco porque Tony se mantenía cerca cuidándolo. A pesar de que apreciaba su intención, no le ayudaba en nada su compañía.
La cuarta noche sintiéndose desesperado y ansioso por algo de privacidad, le pidió que le inyectara una cantidad generosa de supresores y lo dejara solo para poder lidiar con su celo como debía. Tony se veía muy preocupado, aun así, hizo lo que se le pidió y lo dejó solo en su apartamento, no sin antes asegurarse de que tuviera los intercomunicadores listos por si necesitaba algo. Por fin, Peter se sintió libre de tocarse y aliviar los desesperantes síntomas.
Los sonidos húmedos llenaron su habitación, combinados de sus jadeos a la espera de algún orgasmo que pudiera calmar su ansioso cuerpo. Cuando por fin pudo alcanzar el primero, se derrumbó en la cama respirando con agitación y quejándose porque no era suficiente, necesitaba más, necesitaba a su destinado para aliviar su necesidad.
Se levantó de la cama acomodándose el pijama para recargar su caliente mejilla en el gran ventanal de su habitación, el contacto fresco lo hizo suspirar aliviado.
Era ridículo intentar ignorar un vínculo inevitable, seguía sin entender el egoísmo de Tony ante su frustrante situación; miró con desesperanza la ciudad iluminada por muchas luces artificiales. Por un momento se preguntó cuál de todas alumbraba la casa de aquel sujeto que su cuerpo anhelaba con tanta desesperación. Sin previo aviso apareció frente a él la figura de Deadpool, trepando la torre como si fuera una lagartija. Fue tan grande su impresión que cayó hacia atrás alejándose del ventanal.
— ¿Qué demonios haces? —Jadeó todavía asustado— Estamos a casi mil pies de altura, ¿cómo lograste subir?
—Supongo que aprendí de ti —respondió su destinado soltando uno de los brazos del aparato que lo mantenía aferrado al vidrio, lo vio colocar un pequeño artefacto en el ventanal, el cual se agrietó y Deadpool lo retiró para tirarlo hacia la calle.
El sujeto entró y se quedó de pie aspirando con fuerza.
—Pude abrir el ventanal, no era necesario romperlo —sentenció de mala gana sin ser capaz de ponerse de pie.
—No hubieras abierto si te lo pedía—siseó Deadpool poniéndose a gatas y acercándose como un felino dispuesto a devorar a su presa—. Eres tan buen niño, obedeciendo a tus padres.
Peter inhaló bruscamente cuando Deadpool lo tomó de los tobillos y lo arrastró hacia él.
—No soy un niño —intentó defenderse y apartar al tipo que lo tenía encerrado bajo su excitante calor.
—No, no lo eres —confirmó subiéndose un poco la máscara hasta que solo la boca quedó visible—, eres un hombre con necesidades —la mano de Deadpool bajó su pantalón hasta tomar su erección haciéndolo gemir—, has estado en celo tanto tiempo y hasta ahora pude venir a verte. Lo siento, mi tecnología no era la suficiente como para trepar una torre tan alta.
— ¿Cómo sabías que estaba en celo? —Inquirió con voz temblorosa retorciéndose cuando Deadpool subió su camiseta para lamer su piel.
—El lazo me avisa de todos tus sentimientos, sabía que estabas ardiendo y yo solo deseaba hacerte una visita nocturna para calmar tu fuego.
Peter se mordió el labio para callar sus gemidos cuando le fue retirado por completo el pantalón y ese sujeto lamió su piel hasta encontrar su húmeda entrada. Por un momento quiso apartarlo, pero al sentir esa lengua bordear su intimidad tuvo que incorporarse para intentar arrebatarle la ropa. Antes de que lograra quitarle la parte de arriba del traje rojo, Deadpool lo detuvo.
—Lo siento, cariño. Pero no creo que vaya a gustarte lo que veas.
Peter no entendió a qué se refería, por lo que jaloneó con mayor fuerza hasta lograr romper la prenda y descubrir el torso lleno de grietas y distintas heridas.
— ¿Qué te sucedió? —Susurró acariciando el firme torso que se estremecía bajo su mano.
—Un tipo hizo experimentos conmigo —respondió el alfa con un gruñido furioso— y me dejó así. Yo sé que no soy atractivo, pero tengo otros atributos.
Peter ignoró la insinuación hacía los abultados pantalones. Siguió acariciando la piel y memorizando las múltiples cicatrices.
—No me pareces feo —murmuró—, tu piel es como un mapa que es digno de explorarse.
Deadpool emitió un sonido grave que lo hizo jadear. El aroma del alfa llenó la estancia en el momento en que terminó de retirarse la ropa, todo menos la máscara. Estando ambos desnudos, el mercenario volvió a recostársele encima para devorarlo a besos mientras tocaba cada centímetro de su piel; Peter no podía pensar en nada más que ser tomado y marcado por el alfa.
Su destinado se alineó y se introdujo con lentitud dejando escapar más de su calor. Peter gemía contra el hombro sintiéndose un poco adolorido, la irrupción de su alfa era dolorosa; excitante, pero dolorosa.
— ¿Te duele? —Jadeó Deadpool en su oreja.
Asintió apretándose un poco más cuando lo sintió detenerse.
—Lo siento, pequeña araña, pero estás tan estrecho.
El mercenario enderezó su rostro y solo en ese momento Peter abrió los ojos para encontrar esa cara cubierta todavía por la máscara. Intentó retirarla, pero su destinado lo detuvo.
—Conozco tu identidad, Wade Wilson —confirmó sonriente—, recuerda que vi tu rostro esa tarde donde descubrimos que éramos destinados.
Deadpool dejó de sujetarlo y pudo quitarle la máscara para observar esos descuidados rasgos. Creía que ese sujeto era mucho mayor, al menos por su complexión, voz y forma de actuar lo parecía. Pero no era así, era un chico a lo mucho de veintitrés años e ignorando todas esas marcas en su piel podía deducir que en algún momento había sido terriblemente apuesto.
— ¿Te gusta lo que ves? —La voz alfa de aquel sujeto hizo estremecer su entrepierna.
—Sí —admitió jadeante.
— ¿Te gusta lo que sientes? —Deadpool se empujó un poco, creando una sensación tan placentera que no pudo evitar gemir en voz alta.
—Sí —volvió a confirmar balanceando las caderas.
—Entonces eres mío —gruñó el alfa comenzando a moverse despacio, arrancándole todo tipo de sonidos satisfactorios.
Deadpool era firme en sus embestidas y a la vez cuidadoso como si de verdad estuviera interesado en hacerlo disfrutar. No se veía ansioso por marcar, solo expectante, daba la impresión de que estaba disfrutando verlo deshacerse en sus brazos.
—Eres tan sensual —gruñó Wade inclinándose para devorar de nuevo sus labios.
El ritmo aumentó su intensidad cuando él mismo balanceó sus caderas ansioso por correrse y por sentir la marca de su alfa.
—Muérdeme —pidió con un gemido arañando la espalda de su destinado.
Wade soltó sus labios para recorrer su quijada con lentitud mientras aumentaba el ritmo frenético de la cabalgata, lo olfateaba y lamía como si estuviera buscando el lugar ideal para morderlo.
Una repentina explosión los hizo separarse de golpe. La pronta salida de su destinado lo hizo gritar de dolor. Estaban a punto de correrse y sellar el vínculo cuando le fue arrebatado su destinado de sus brazos. La armadura de Tony sujetaba a Deadpool por la garganta estrangulándolo mientras el alfa intentaba escaparse dando patadas y golpes inútiles.
—Te advertí que no te acercaras a mi hijo —siseó un enfurecido Iron Man apretando más el cuello del alfa y cuando escuchó algo quebrarse tuvo que intervenir.
— ¡Suéltalo! —Gritó impotente intentando ponerse de pie, pero las manos de su padre alfa sobre sus hombros se lo impidieron.
Iron Man volteó a verlo y sin piedad aventó al sujeto por el ventanal. Sintió su corazón romperse cuando logró escaparse de las fuertes manos de su padre y asomarse para lanzarle una telaraña a su destinado; para su fortuna logró atraparlo dejándolo colgando de la torre completamente desnudo. No pudo asegurarse de que seguía vivo porque fue tomado en brazos por Iron Man y conducido al apartamento superior. Sus padres lo encerraron en su vieja habitación de cuando era niño.
Se tumbó en la cama abrazando sus piernas tiritando de frío, calor, excitación, miedo, frustración; todo al mismo tiempo. Su cuerpo estaba muy confundido al haber sido interrumpido a mitad del acto de vinculación, pensó que se volvería loco, necesitaba salir para buscar a su destinado y terminar con lo que habían empezado. La puerta de la habitación volvió a abrirse y casi al instante sintió una aguja en su muslo. Giró su cara y se encontró a Steve inyectándole una enorme jeringa.
—Sé que debes odiarnos en este momento —dijo él con un semblante entristecido—, no puedo imaginar la desesperación que se debe sentir al ser interrumpidos a mitad de la formación del vínculo, pero algún día lo entenderás y nos perdonarás.
Peter estaba dispuesto a salir de aquel lugar y consumar su destino, pero al parecer, la inyección no había sido de supresores. Un adormecimiento recorrió cada fibra de su ser, no podía mover ningún músculo, su mente poco a poco perdía la batalla.
—No los odio —balbuceó intentando mantenerse consciente—, yo... débil.
Una manta cubrió su cuerpo creando una extraña sensación de protección.
—No eres débil —susurró Tony a su lado.
El rostro angustiado de sus padres fue lo último que recordó antes de caer en un profundo sueño.