―¿Viste las noticias? ―indagó una voz familiar apenas atravesé el umbral que dividía la cocina de la sala. Sacudí mi cabeza de arriba abajo, todavía estupefacto por la palabra Olixander, y la miré. Allí estaba mi mamá, arrimada a la cocina con su delantal y una cofia, seguramente preparando la cena. A un lado, y en un silencio amistoso, estaba de pie Francis. No fue difícil darme cuenta que ambos habían estado hablando antes de verme entrar. ―Tengo hambre ―apenas dije saludando a mi guardaespaldas con un leve asentimiento. ―Ahora mismo estoy haciendo tu comida favorita ―murmuró mi mamá. Aunque quise sonreír en agradecimiento, algo no me lo permitió. Me limité a sentarme junto a la mesa mientras escuchaba como la conversación se reanudaba entre mi mamá y Francis. Ellos hablaban de la v

