―¿Sí? ―murmuré al coger el iPhone y acercarlo a mi oreja. ―¡¿Por qué lo hiciste?! La voz prepotente y masculina al otro lado de la línea me sobresaltó e inmediatamente me incorporé en la cama. Si bien el móvil sonando me había despertado y había atendido sin mirar la pantalla, pude reconocer esa voz con tanta facilidad como si la hubiese escuchado durante toda mi vida. ―¿Quién habla? ―dije sabiéndolo pero aun así obligándome a preguntarlo. Sonreí con suficiencia mientras fregaba mis ojos que seguían un poco entrecerrados y me estiré sobre mis almohadas. ―Sabes perfectamente quién soy. ¿Crees que esto es divertido? Oh, sí, muy divertido, me hubiese gustado responder. En vez de decirlo, apreté los labios para evitar soltar una carcajada de gozo y simulé bufar. ―No sé quién habla, lo s

