Shirley recorría cada rincón de la casa, era un lugar hermoso, le gustaba, subió a la habitación, podía imaginar a Kendrick a su lado cada noche. Bajó las escaleras, y lo encontró cocinando, lo abrazó por detrás, pasando sus manos por su cintura, él sonrió al sentirla tan cerca. —¡Me encantó la sorpresa, gracias! Él la miró, acunó su rostro. —Me alegro, la compré pensando en ti, y en nuestro mini conejito. —Estoy ansiosa por comenzar a trabajar, ¿No has sabido nada de mamá aún? —Aún no, mi amor, pero, te juro que pronto, ella estará aquí, contigo. Shirley sonrió. Lo ayudó a cocinar, y Kendrick le mostró su nuevo teléfono. —¿Es para mí? —Claro, ya no quiero que uses el de Martha, no sabemos quién sepa que lo tienes, y es mejor así. El teléfono de Kendrick resonó, era Dan Welling

