Victoriana
Caminaba de un lado a otro, pensando cómo diablos lo haría. No sabía realmente qué hacer; jamás había estado en una posición como esta. Pero de pronto, algo se me ocurre y corro a mi habitación. Tomo el sobre que la señora Marcela me había entregado y llego hasta Alaric. Respiro hondo y se lo entrego. Él me ve confundido, pero cuando abre el sobre, sus ojos se abren tan grandes que están a punto de salirse. Antes de que pueda decir algo más, yo le digo:
—Paga la cuenta pendiente, y por una vez en la vida, escucha lo que te estoy diciendo: aléjate de esas personas. Ésas personas solo piensan en ellas, son egoístas, y para nuestra desgracia, ellos tienen el dinero para cubrir cualquier cantidad, mientras que nosotros nos quedaremos sin comer más de un mes para poder reunir de nuevo esa cantidad.
Él saca dinero del sobre y empieza a contar, pero cuando ha terminado, me mira a los ojos y niega.
—Lo lamento, Try, no es suficiente para cubrir la deuda.
Yo frunzo el ceño, confundida de qué diablos me está hablando. Son $1500 dólares, ¿cómo es posible que no pueda liquidar esa deuda?
—Tienes que estar completamente loco. Esos chicos no pudieron haber gastado más de $1500 dólares. ¿De qué estás hablando?
Él vuelve a guardar el dinero y se pone de pie.
—Es que ese es el problema. Como bien dices, ellos están acostumbrados a hacer lo que quieran, así que hicieron una fiesta. Prácticamente todo el colegio estuvo ahí y estuvieron regalando la droga. Estás hablando de una cantidad de cerca de $10,000 dólares. No hay manera de conseguirlo; jamás podríamos juntar esa cantidad, es absurda.
Yo doy algunos pasos hacia atrás y caigo sentada en la cama. Tallo mi rostro con frustración y juro por Dios que quisiera matarlo. Lo miro con los ojos entrecerrados y le digo:
—Y justo ahora te das cuenta de que esos niños son unos idiotas y no tienen límite. Te han metido en un problema enorme. Ahora, ¿qué haremos? ¿Cómo vas a pagar ese dinero? Anda, dime cómo lo harás.
Él solo guarda silencio y yo hago lo mismo, pues no tengo ni la menor idea de qué hacer. Así que simplemente me pongo de pie y camino hacia la puerta de su habitación. Él me llama, pero yo lo único que necesito es descansar un rato, pues sé perfectamente que en este momento no solucionaré nada. Cuando llego a mi recámara, me tiro en la cama y empiezo a llorar como una Magdalena. Tengo miedo de que le suceda algo; estoy completamente segura de que si no cubrimos esa cantidad, ellos no se tentarán el corazón y lo lastimarán. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Cómo puedo solucionar ese problema?
Pero de pronto, la puerta de mi habitación se abre de un golpe. Yo de inmediato me siento en la cama y limpio mis lágrimas. Cuando veo el rostro de Jason, sé que algo malo ha sucedido, pues está completamente pálido y su respiración es agitada. Me acerco a él y lo tomo por los brazos.
—¿Qué ha sucedido? ¿Dónde está Alaric? ¿Acaso...?
Él de inmediato empieza a negar, pero yo sé que sucede algo.
—¡Habla, maldita sea, Jason! ¿Qué está pasando? Quiero que me lo digas en este momento.
Veo cómo traga el nudo de su garganta y muerde su labio tan fuerte, supongo que reprimiendo el llanto.
—Es Jared.
Jared... cierto, que Jared no estaba en casa. Ya que Jason no dice nada, yo camino hacia mi viejo vestido, coloco un suéter y bajo corriendo las escaleras. Necesito encontrarlo, necesito saber que está bien. Pero cuando abro la puerta, una ráfaga de balas hace que caiga al suelo. Alaric de inmediato se lanza al suelo junto con Jason. Yo tapo mi rostro como si eso hiciera que todo terminara más rápido.
De pronto, un silencio nos cubre, así que abro mis ojos y, muy lentamente, me pongo de pie. Camino hacia Alaric y lo tomo del brazo, casi encajando mis uñas en su carne. Él se queja y puedo ver sangre, pero es un simple rozón, así que no le voy a tomar importancia. Él es el responsable de todo esto. Mi madre sale de su habitación mientras yo volteo a ver a Jason, muy molesta y con los dientes apretados, le digo:
—Busca a Jared, encuéntralo y tráelo a casa. Y habla con mi madre, tú sabes a lo que me refiero. Mamá, no tardo, tengo un asunto que arreglar.
Alaric trata de protestar, pero yo no lo escucho, así que salgo de casa casi arrastrándolo conmigo. Cuando salimos de ahí y empezamos a caminar por la calle, toda la gente nos mira, completamente sorprendida de que estemos vivos aún. Pero a mí eso, en estos momentos, no me interesa, pues estoy segura de que a la próxima no fallarán. Salgo de mis pensamientos cuando siento que Alaric se suelta de mi agarre. Yo lo miro mal y él suspira.
—Lo siento. Te he estado llamando desde que salimos de casa y parece que no me escuchas. Estoy herido, necesitamos ir a un médico.
Yo suelto una carcajada y niego.
—¿Un médico? De verdad, ¿sabes cuánto costará eso? Y también sabes que si vamos a un médico, se va a dar cuenta de que ha sido un rozón de bala. Ellos tienen que informar a la policía de eso. Dime, ¿qué les vas a explicar? ¿Que vendías droga en la ciudad? ¿Que eras un maldito distribuidor de droga siendo un estúpido escuincle que no ve las consecuencias? Porque esto solo es un poquito de lo que va a suceder si no cubrimos esa maldita deuda, y tú quieres gastar los pocos dólares que tenemos en un médico. De verdad, no seas cobarde, hubieras pensado mejor las cosas. Todo tiene consecuencias, y esta es una de ellas.
Yo me doy la vuelta y empiezo a caminar de nuevo. Ni siquiera sé hacia dónde voy, solo sé que tengo que llegar a esos chicos y que tanto Alaric como ellos se tienen que hacer responsables de todo. Pero cuando Alaric empieza a gritar, yo de inmediato me detengo.
—¿Tú crees que no sé que todo lo que está sucediendo es mi culpa? Por supuesto que lo sé, no soy idiota. Pero quería ayudarte, quería que dejaras de trabajar turnos dobles. Quería que dejaras de mantener a tres hombres que deberían de estarte manteniendo a ti. Quería que por la mañana no tuvieras que levantarte y odiar la vida simplemente porque nosotros dependíamos de ti. Y sabes, lo estaba haciendo bien. Estaba cubriendo mis propios gastos, estaba cubriendo mis mensualidades, incluso le daba dinero a mamá. Jamás me imaginé que esto terminaría de esta manera, pero todo lo hacía por ti, todo lo hacía por ayudarte. Lo lamento, Try, me equivoqué, pero no soy un hombre malo ni lo hice para que sucediera todo esto. Perdóname.
Yo trago el nudo de mi garganta porque quisiera estar furiosa con él, pero con todo lo que me ha dicho, solo hace que mi corazón se haga chiquito. Sé que no es un hombre malo, pero también le he enseñado muchas veces que hacer cosas malas tiene consecuencias, y lo que él hacía no estaba bien. Yo me doy la vuelta, me acerco a él y tomo su rostro entre mis manos.
—Yo también lo lamento. Lamento no poder hacer más por ustedes, no darles la vida que yo quisiera. Sabes, Jason dejó la escuela y me puedo imaginar que es por la misma razón, aunque él no lo quiera aceptar, porque simplemente no hay manera de pagarla. Ni siquiera sé en qué anda metido Jared. Mierda, no sé qué es lo que mis hermanos están haciendo. Pensé que estaba haciendo las cosas bien, pero me equivoqué.
Él empieza a negar y de inmediato me abraza y besa mi frente.
—No, tú no has hecho nada malo. Por el contrario, todo lo has hecho bien. Eres una excelente hermana, y una gran mujer. Te llevaré con Marcos y Michael. Solo hay algo que aún no te he dicho.
Yo me separo de él y tengo que decir que mi mirada debe de ser de miedo, pues ya no sé qué más esperar. Él sonríe de lado y me dice lo que jamás me imaginé.
—Marcos y Michael son hijos de la mano derecha de Alexandros Lombardo. Viven en una casa que está dentro de la propiedad donde vive Alexandros Lombardo.
Yo abro y cierro la boca, confundida. ¿Quién es ese? ¿De qué me está hablando? Cuando a mi mente vienen aquellas camionetas que me siguieron cuando fui despedida de mi trabajo, por la mañana, ahora mismo recuerdo: sí, estamos hablando del rey, y no precisamente de Elvis Presley. Mierda, esto cada vez se pone peor.