Pocos días después. Mia y Eliot permanecían conversando animosamente en la cafetería de La Intemperie, cada uno calentaba sus palmas con un vaso desechable de un humeante y fuerte café para luchar un rato contra el gélido ambiente que desprendía el invierno. Estaban aprovechando que la pelirroja tenía un ratito libre antes de volver a retomar su guardia. —Estoy muy emocionada por la navidad —confesó ella, dando un sorbo a su café mientras ambos miraban el noticiero en la pantalla plana de la cafetería—. La ciudad se pone muy bonita para estas fechas. Eliot abrió la boca para contestar, pero frunció levemente el ceño al sentir una vibración en el bolsillo de su pantalón. Al sacar su celular, descolgó la llamada, aún extrañado. —¿Bueno? —¡No me lo vas a creer! —exclamó su mejor amiga al

