Valeria insiste en no alejarse de mí, justo cuando mis demonios se están asomando por mis poros. Resoplo apretando mi mandíbula mientras mis latidos se escuchan zumbando dentro de mí. El celeste en sus iris se denota tan exquisito que podré enloquecer si sigo zambulléndome en él, llegaré a pensar que el cielo realmente son sus ojos y no el que se posa encima de nosotros. Sostengo su mano guiándola conmigo hacia el baño, empujo la puerta y se encuentra un sujeto lavándose las manos que se queda desconcertado mirándonos. ─¡Largo! ─Exclamo sin poder aguantarme. El sujeto da un respingo encontrándose con mi semblante enfurecido, soy muy alto para que ese sujeto pueda enfrentarse a mí, siquiera pensándolo y es que, me concentré en verme musculoso, grande, imponente durante tantos años par

