Es increíble lo rápido que gira el mundo cuando una está feliz. Me costaba mucho creer y aceptar que yo merecía tanta alegría; y no podía evitar sentir temor al respecto. Todos estamos en este mundo intentando día tras día hallar un minuto que nos dé alegría, que nos haga sentir felices; pero cuando lo logramos, no lo disfrutamos como corresponde, por miedo a perder ese gozo. Me ha pasado muchas veces, quizá porque desde chica he construido mi vida sobre el daño que me han hecho y no puedo evitar pensar que, si me pasó todo aquello, fue por algo, y que en el fondo, yo me lo merecía. Así que construí una vida con base en la creencia de que no merecía nada bueno, que todo lo malo que me pasaba era normal para alguien como yo; que la felicidad era para los demás. Siempre para alguien más, pe

