Capítulo 03

1167 Words
Corro por la habitación, metiendo todo en la maleta, haciendo fuerza para que cierre. Al lograrlo, la arrastro del asa, saliendo de la habitación para realizar el Check-in rápidamente y así no perder el vuelo. En la fila, noto las personas que faltan para que me toque. Miro la hora en el reloj de mano, golpeando mi tacón en el piso con desespero. Bendita sea la noche anterior, dejo salir un suspiro por el pensamiento. De repente, me llaman, para entregar el boleto mientras lo sellan. ─Buen viaje, señorita Carter ─menciona la chica, dejándome pasar para abordar. Luego de unos minutos de despegar, me deshago del cinturón, tomando un mi bolso para sacar el celular, encontrándome con los mensajes de mi ex. Ruedo los ojos, con las fotos de él restregándome la celebración a la que decidí no asistir porque él iba a estar presente. Gracias a eso, pude conocer a ese sujeto de esplendidos ojos y m*****o de Dioses. Muerdo mi labio al recordarlo. > pienso, dándome un poco de esperanza, dejándoselo al destino. Así no siento que tomé una mala decisión. Tomo una foto de la ventana del avión, posteándolo en las r************* con una simple escritura “Lo que pasa en las vegas ¿Realmente se queda?” Presiono “publicar” para dejar salir un suspiro. De repente, recibo un comentario de mi mejor amiga. Yuli: “Si no se queda, mínimo que sea un buen polvo: p” Suelto una carcajada al leerlo. Le doy un corazón, cerrando los ojos para descansar lo que queda del vuelo. Entro al baño del aeropuerto, higienizándome un poco y cambiándome de ropa. Me coloco uno de mis conjuntos de verano de Prada, junto a unos tacones de suela roja. Acomodo mi maquillaje, pareciendo lo más rescatable luego de un vuelo no tan largo. Salgo del aeropuerto buscando con mis lentes de sol el auto de mi hermana. Esbozo una sonrisa al notar a una castaña ondeando la mano animadamente mientras presiona el claxon de su gran auto deportivo que saca a pasear cuando deja al mocoso a cargo de la niñera. Sale del auto, abrazándome. Sus ojos marrones iguales a los míos se ven hermosos, me da una sonrisa y noto su vestimenta. ─No opines nada ─interviene antes de que diga algo sobre su pantalón de pijama a juego con una camiseta. Toma mi maleta, colocándola en la parte de atrás del descapotable. Rodea el auto, y abro la puerta para introducirme. ─Extrañaba mi ciudad calurosa ─comento, bajando de nuevo mis lentes. ─Te ves muy bien ¿Qué tal las vegas? ─Inquiere, encendiendo el auto. ─El imbécil de Victorino cerró el negocio, así que terminaré trabajando con él un tiempo. Hasta que terminemos con ese cliente ─comento con pesadez, dejando salir un suspiro. ─Lamento eso, ese chico está mal de la cabeza… obsesionado contigo ¿Eso es sano? Porque puedo llamar a un detective o poner una orden de alejamiento ─propone con una sonrisa. ─Calma, solo es un idiota más ─digo, restándole importancia. ─¿Y el mocoso? ─Inquiero cuando Gianna coloca en curso el auto. ─Está en la etapa de jugar con la comida y lanzarla… pienso que será igual de artístico que tú ─responde con gracia, provocándome una carcajada. ─Le traje unos regalos ─anuncio, guiñándole el ojo ─. Y un amiguito para ti, por si Felipe ya no hace su función ─agrego, ella rueda los ojos, golpeando mi hombro. ─Si supieras, hermanita ─murmura, abro los ojos ante su insinuación. ─No quiero saber ─digo rápidamente, encendiendo la radio. Ambas tarareamos una canción de Adele. ─Te extrañé ─acota, llamando mi atención. ─Eres tan tierna ─digo, fastidiándola. Soltamos una carcajada al unísono. ─Mañana a las doce del mediodía tienes que estar en la casa de mamá… por favor, que no se te olvide ─recalca, mientras tomo el asa de mi maleta para adentrarme en el lobby de mi edificio. ─Tranquila, no fallaré ─declaro, sonriendo. Gia asiente, colocando nuevamente el auto en marcha, desapareciendo de mi vista. Dejo salir un suspiro, saludando a Carlos, el portero. Él me da una sonrisa. ─Es un gusto volver a verle, señorita Carter ─menciona, asiento, pestañeando. ─Me verás de nuevo entrando embriagada pero con unos hermosos zapatos ─manifiesto, haciéndole reír. Abro la puerta de mi departamento, enciendo las luces. Encontrándomelo inmaculado y elegante, pero vacío solo conmigo. Dejo salir un suspiro, dejando la maleta en la entrada, para caminar hacia la cocina, abriendo el refrigerador y embeber un vaso con agua. Dejo mi vista a la nada, pensando en los ojos azules del sujeto. ─Bendito seas ─murmuro, caminando hacia el baño para una ducha reparadora. Camino con prisas hacia mi auto, luego de una mañana agitada en la oficina. Por suerte el imbécil de mi ex no ha vuelto de las vegas así que no le di la oportunidad de que me amargara el día. Me introduzco en mi Audi rojo, para ver de nuevo la hora, esperando llegar a tiempo o sino, mi hermana me vetará de su vida. Bajo del auto luego de manejar una hora, a casi más de cien kilómetros por hora. Lanzo la puerta, con los regalos en manos. Miro el de caja azul para un niño, que al parecer ahora será mi... Ruedo los ojos, lo que faltaba… un hermanastro. Presiono el timbre de la mansión de mi madre, heredada por mi padre en absoluto. Quizás es el beneficio de ser una viuda con un gran seguro de salud. ─¡Llegas a tiempo! ─Exclama Gia, abriendo la puerta, para empujarme hacia adentro. Abro los ojos, sorprendiéndome. Ella camina con prisas delante de mí. ─Traje regalos ─anuncio a su espalda. ─Genial, se los darás en persona ─acota, haciéndome inflar mis mejillas. Mis tacones de aguja resuenan en el piso, subiendo las escaleras. Llegamos a la cocina. ─¡Hija! ─Exclama mi madre, abrazándome. Aspiro su perfume costoso de más, mareándome. ─Hola, madre ─murmuro, sonriendo. ─Te presento a Franco Vitale, el amor de mi vida ─anuncia, un sujeto de ojos azules ciertamente familiares aparece, elegante y de cabello oscuro. ─Es un gusto finalmente conocerte, Pianella ─comenta, asiento, tomando su mano en un apretón formal. No es como si le fuera a abrazar si no le conozco. Pienso, dejando los regalos en la mesa. ─Igualmente, espero hagas feliz a mi madre ─digo con sinceridad. Nadie le hacía feliz. ─Eso intento, con todas mis fuerzas ─dice con gracia. Riendonos, tomo la caja para el hermanastro. ─Gia me comentó que tienes un hijo ¿Adolescente o mocoso? ─Inquiero, esperando atinarle al regalo de un juego de ciencia. Él suelta una carcajada desconcertándome. Arrugo mi cejo llenándome de desconcierto cuando mi madre me mira extrañada. ─Dejé de ser un "mocoso" hace mucho ─anuncia de repente una voz que llegó a provocarme múltiples orgasmo. Abro los ojos, encontrándome con los ojos azules delirantes. ─Un gusto, soy Alessandro Vitale, tu futuro hermanastro ─comenta, tendiéndome su mano. > Maldigo en mi interior.
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